---------------------------------------------- 3CORTASY1LARGA

15 mayo, 2016



COMO UN CLÍNEX... /1

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Sí... eso de usar y tirar. (Con menos valor aun... que los principios de Groucho Marx).

Cuando yo conocí el comunismo. allá por primeros sesenta -librito de Carrillo mediante- la ideología se relacionaba con los principios, y estos eran poco menos que sagrados. Eran, además, la consecuencia de una visión o manera de ver el mundo, pero, sobre todo, constituían una ética. De modo, que para cuando, por fin, diez años más tarde, me convertí en militante, en activista, no constituyó ninguna novedad, compartir con aquellos camaradas una moral, en ocasiones, incluso estricta: los comunistas éramos, nos sentíamos, diferentes. Seguramente de ahí viene esa pretendida "superioridad moral" que tanto irrita a Maruhenda. Pero algo tenía el agua cuando la bendecían: aquel partido -y nunca se puso en duda- fue el sostén mayor y más dañino contra la hueste de aquel estafermo gallego, de cuyo apellido ya nunca consigo acordarme. Y aunque otros cobraron -se beneficiaron de- la factura, aquel partido, fue el que más contribuyó a facilitar ese artefacto que hoy tanto molesta a nuestra alegre muchachada: la Transición a... otro Régimen, que es como decir a otro Estado -de cosas (políticas)-, a otro Mundo.
Ahora, quienes estrenamos aquel mundo, ya hemos cumplido las siete veces siete en actividad, ya damos síntomas de pedalear a piñón fijo, de rittornello mental o de volver donde solíamos. Es el destino, y, no sólo porque se nos llenen de cal los capilares del lóbulo, como los tubos del anuncio de las lavadoras. No, también es el cansancio vital, los desengaños. Por eso, el desencuentro de los que comienzan la subida  a la montaña -de la vida- con los que estamos bajándola: No nos creerán hasta que vuelvan de esa montaña, cuando haya pasado su tiempo...
Bajando de esa montaña -decía- escuchamos un relato muy claro: El Presidente de Francia se cita este fin de mes con los socialdemócratas alemanes para establecer la "prioridad UNO" del continente, que no es otra que rearmar la idea y la realidad de la Unión: Se trata, a la vez, de reforzar el núcleo duro o de países centrales, y de salvar o mejorar el Statu quo de políticas sociales, frente a la Europa de los Mercados y los 'simpatizantes' o 'beneficiados' por el TTIP; también, de aumentar la cohesión de políticas básicas europeas como la fiscal, la gestión de la 'acogida', la exterior o la estratégica, la cual merece reflexión aparte: se caiga del escaño, o no, el ex-Jemad camino de Almeria. Porque vamos a ver: sin duda, seguirán existiendo Rusos, Chinos, fundamentalistas Islámicos y otros sarampiones, pero... EN EL MUNDO REALMENTE EXISTENTE, Europa -o sea, nosotros-, no puede declararse pacifista, antimilitarista ni -hoy por hoy- muy antiOTAN, lo diga el ex-teniente general converso, o le caiga el pelo -de pronto- al mismísimo Pablo (Manuel) Iglesias. Siendo serios, con lo que arde (del verbo arder, por si hay dudas) en todo oriente medio, y hasta la frontera china, pero, sobre todo, lo que puede arder en el norte de Africa, andar con coñas marineras griegas, Syrizas, Varoufakis, Galeanos,'Venas de América latina' o maduros (sic) del Caribe, pues, más que insensato, resulta suicida para la sobrevivencia del proyecto europeo: Que somos nosotros.
Puede quedar muy bien para la propaganda de 'algunos', o para crédulos y snobs pequeñoburguesitos de los que les gusta estar a la moda; pero a la gente normal, a la que no esta 'enferma' de ideología, nos parece acelerar cuesta abajo, en curva, y sin frenos.
Por eso nos parece, en el fondo, tremendamente inquietante la imagen de la estatua de Lenin -¿regresando?- por los aires, que el viernes pasado, en el País, nos recordaba  'el sabio' Elorza. Porque es una metáfora de la creciente pérdida de transversalidad: la estatua volviendo a su sitio en el magma podemita. Las tesis de leninismo amable, o sea camuflado, del fundador Monedero, vuelven donde solían: al dualismo -las dos orillas- del obsesivo anticapitalismo de Julio Anguita, heredado por Pablito Iglesias pero, no tanto, por Errejón. 
Esa estatua -viajando por los aires, para pasmo de un comunismo extemporáneo-, pues, aparece como un contrapunto ideal, que retrata cómo quieren distraernos: Aquí y ahora, por muchas pulgas que rasque este país, no es -otra vez: no hay más remedio que ser más pesado que ellos- ni el caos que está apareciendo en Brasil, ni la cola del Supermercado o de la Farmacia en Venezuela, ni las crecientes Villamiseria argentinas, ni el mundo de Bolivia o Ecuador, ni siquiera las trampas en las cuentas públicas o la pauperización creciente de la Grecia de Syriza. No. No nos lo vamos a creer. Cuando estalló esta crisis, que no es más que un estado recurrente de la economía: España -con todas las letras, le moleste a los amigos de quien le moleste- estaba en la estela de los niveles de renta de Italia y acerándose (Hay opiniones) a los de Francia. De modo, que ese y no otro, es nuestro horizonte de referencia. Lenin era una momia que se visitaba en la plaza roja -una especie de Valle de lo caídos urbano-, cuando entonces. Momia, decíamos, que acertó (En 'Materialismo y empiriocriticismo') con la formulación del 'Materialismo histórico', o con la crítica del idealismo subjetivo -por ejemplo- machista (del filósofo Don Ernesto), que reducía la vida social a la actuación psíquica o de la conciencia. Pero que erró trágicamente en el intento de proyectar en el 'Materialismo filosófico' la relación entre conciencia y existencia (Es decir: la conciencia plasma en un Plan quinquenal unos objetivos que... por ese hecho, tomarán cuerpo en la realidad. Dogmáticamente).
Sin embargo, los dogmáticos de hoy, cien años de fracasos después, persisten en ese mismo tipo de respuesta dogmática a las crisis 'recurrentes' de un capitalismo que tampoco se muestra muy dispuesto a aprender la lección...


Mañana, continuaremos con nuestra historia...










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