Eso decían, al menos durante las últimas décadas. Con eso y la honradez se llenaron la boca. Así, que mucha gente de izquierdas variopintas, pasada la Transición, acabamos votándoles, cuando no apoyándoles; a pesar de que siempre nos parecieron un tanto tibios y progresivamente más señoritos y más trepas. Aunque siempre entendimos que esa era una dinámica general de la sociedad española. Hasta aquí hemos llegado, hoy aquella izquierda se la está llevando el hecho biológico y algo menos irremediable, pero más dañino: la debilidad acomodaticia; de manera que, ha quedado a merced de cualquier pequeño Napoleón de turno; la lucha antifranquista, la Transición, la asimilación a Europa, todo ha pasado ya. Ahora, con muy honrosas excepciones, pero inerme, acepta cabizbaja la puntilla...