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16 junio, 2018



LA FALA, LA POLÍTICA Y EL SENTIDO COMÚN...


(Uno acabará por volverse jacobino: ahíto de modernos, radicales y antisistemas).

Ha treinta años ya, que el sinsentido desbordado de amor al terruño ya campaba sin freno por la vieja Iberia, incluidas las Asturias. Entonces, los más sabios de la tribu: Alarcos, Lapesa, Dámaso Alonso, Bueno, Caro Baroja, Buero Vallejo, Laín  Entralgo, Neira… y un buen puñado de  doctores y cátedros de la cosa, en documento titulado La Realidad Lingüística  de Asturias, lo pusieron muy claro: en Asturias había hablas, que no una lengua con la equivalencia necesaria con las tres peninsulares. Y ello así, por más fervoroso amor que –decíamos- profese al terruño cada hijo de su madre…
Empero, entre los aledaños y las ambiciones de poder no abunda el más común sentido, ni siquiera entre los especialistas en ‘la cosa’: unos por necesidades de competición política, otros por exceso de afecto, el caso es que pujan en el despropósito.
De modo que, al cabo de una larga emigración, cuando vuelvo a mi tierra, me encuentro tratando de no acabar –lingüísticamente hablando- como un maketo o un charnego de aquellos. En fin, que no me veo repasando los deberes para dominar esa neolengua normalizada –digo yo-, que ahora podrán aprender los guajes en la escuela, y los voceros de los medios (Con lo ufano que me había llegado a sentir por no tener que normalizarme el magín con la inmersión esa... no sé cuántos). Como la cosa va a resultar envenenada, ya charlaremos tendido en las páginas del anuario "El Baluarte”, cuyo editor fue quien nos ha dado el queo de lo que está a punto de ocurrir. Entretanto, es ocasión de adelantar algunas realidades, mientras acaba por llegar el invierno con ese próximo ejemplar. 

Uno de los aspectos que más llama la atención es la apreciación por las autoridades citadas, de ser una minoría, los embaucadores (sic) que pujan por esa oficialidad, a la que se tilda de desafuero. Uno piensa que hay que tener mucho cuajo o mucho… lo que sea, para en cuestiones de ‘fala’ tenérselas con Alarcos, Lapesa y cofradía; quienes llamaron a la cosa, jerga “in vitro”… o jergas, habría que decir, porque a las tres o más, del actual Principado (véase mapa, con las occidentales resaltadas), habría que sumar las variantes cismontanas, como el palluezu, el mirandés, el extremeño o el berciano… además de falas locales o menores como, por ejemplo, la nuestra pixueta. Y aun algos… cada comarca acabaría vindicando su glotónimo. O sea, la torre de Babel o el don de lenguas.


Algo pasa, pues, con la llingua, fala o bable, cuando un tal Don Emilio Alarcos estampa su firma bajo la siguiente afirmación: ”La “llingua de la tele, de la radio y demás medios de comunicación, no es lengua ni es nada”.  Y lo que pasa -poniendo cada concepto en su sitio- es que en lingüística, otro tal Roland Barthes, considera que la realidad heteróclita y multiforme del lenguaje, que incluye a la vez lo fisiológico, lo físico y lo psíquico es dicotómica: por un lado está la lengua, una institución social o sistema de valores, en parte arbitrario y, también, un contrato colectivo no modificable individualmente; del otro, el habla, un acto individual o uso del código de lenguaje para expresar el pensamiento, constituido por signos combinados según infinidad de hablas.
Por último, también ocurre que ambos lados están imbricados dialécticamente: no hay lengua sin habla ni habla fuera de la lengua. La lengua, pues, es un tesoro depositado por la práctica del habla en los sujetos de una comunidad.
De manera que, así entendidas lengua y habla son dos caras perfectamente diferenciadas de una realidad… en la que los astures -depende- usamos o la lengua española, o las que hasta los años del cambio de régimen fueron consideradas como nuestras hablas locales. A partir de esos años se acelera un proceso sociolingúístico en el que la emulación, el agravio comparativo y las juventudes políticas acaban impulsando poco menos que una “formación del espíritu regional”. ¿O, más bien, “nacional”?
Nuestros (a)berzales, pues, serán muy conscientes, desde el primer momento, de la necesidad de salvar las (tres) carencias que separan el habla de la lengua.
La primera -en el bable-, se ocasiona en su disglosia y desplazamiento por el castellano, con la consecuencia de un Corpus  literario muy citado; pero, más bien magro, y cuyos orígenes serán:
       A -La Cayuela del Carrio. (Siglo VIII, Villalón: conjuro contra los nuberos en latín vulgar y muy alejado del clásico).
     B -La Noticia de Kesos. (Hacia el 980, Rozuela, en León: inventario de quesos, que indica un latín ya frecuente y muy vulgar, pero diferenciado de lo que será castellano o gallego).
     C -El documento de concesión del Fuero de Avilés. (Otorgado en 1085. Confirmado a finales del XII. Se conserva copia de finales el XIII: Lapesa identifica elementos comunes con el dialecto asturiano).
       D -La versión del Fuero Juzgo. (Siglo XIII: Lapesa vuelve a calificarlo de dialecto asturiano occidental).

Pero, a finales de ese siglo se produce un hecho trascendental: el predominio, en la corte de Alfonso X El Sabio, del castellano y el gallego. Lo que, por otra parte, trae causa de la pérdida de la hegemonía de León en favor de Castilla. Hechos, que provocan el proceso de disglosia: fala coloquial y popular, de un lado, y lengua culta o de prestigio, por el otro. Situación, que la mitología (a)berzale alarga durante los sieglos escuros, hasta el surdimientu a partir del XVII y de la Ilustración.
Tal surdimientu quedó reducido a Marirreguera, con las traducciones de algún tema clásico o religioso y una sátira teatral. A finales del XVIII, para el XIX, Jovellanos hace la primera propuesta para la creación de una Academia y un Diccionario –que resultaron, entonces, fallidos- para normalizar lo que llama abiertamente: dialecto. Su hermana deja una obra poética menor, rescatada en la antología de Caveda. 
En el XIX, lamentan los (a)berzales, con espíritu contradictorio, la influencia negativa de las ideas románticas -o contrarias a la Revolución- de Humboldt o Herder; con las que, a su pesar, coinciden en la Volkgeist o espíritu y genio de un pueblo; que acabaría por impulsar un costumbrismo literario, sólo superado en la segunda mitad del siglo con otro espíritu: el festivo y erótico de Teodoro Cuesta.
En resumen, hasta los tiempos de Jovellanos, incluso hasta los de Menéndez Pidal, teníamos fala: hablábamos –se dijo- el dialecto bable, leonés o asturleonés u otras variantes locales.  En el cambalache del siglo XX, se escribe sainete y teatro chico o costumbrista, juegos florales; y aparece entre 1916 y 1918, una efímera Liga pro Asturias (Regionalista), para la difusión de la Doctrina Asturianista. ¿Tiene aire catalán, verdad? Pero será en el último tercio de ese siglo XX, con los  cambios profundos surgidos al final de la Dictadura, cuando se produzca un nuevo reparto de poder: las élites periféricas y determinadas organizaciones de izquierdas –antes internacionalistas, como reza su himno- descubren el tremendo tirón identitario de la lengua, que acabará por actuar como un factor discriminatorio entre comunidades, o como plataforma de las nacionalidades históricas; hasta llegar al punto de dar lugar a conflictos que tratan, incluso, de superar el acuerdo constitucional; o de reivindicaciones nacionalistas del rango de lengua oficial, en territorios con hablas o dialectos, como Aragón, Asturias, Baleares o Valencia.

Así; la realidad hoy, en el Principado, que no en el resto de las comarcas bablehablantes, sumará al Corpus literario ya citado, el carácter institucional de la Academia de la Llingua Asturiana, además de los desarrollos normativos -bable central- del léxico y la gramática… de manera, que salvadas las otras dos carencias que –decíamos- separan el habla de la lengua, para los asturianistas: ya tenemos lengua, casi oficial.
Eppur si muove… los asturianos, en general, no ignoramos el trasfondo político, utilitario, del asunto: el artefacto con las tres ruedas citadas es una neolengua, no de ja de ser… algo artificial. No puede llegar a cambiar el resultado de las relaciones de poder, en el antiguo Reino asturleonés, con el castellano, ni lo que pudo ser, pero no fue. Ni parangonarse con las lenguas oficiales –sí- de la península. Tampoco figurará nunca, como tal, en la Biblia de las literaturas de Harold Bloom: El canon occidental. Después de todo, Feijoo, Jovellanos, Palacio Valdés, Clarín, Pérez de Ayala o Dolores Medio escribieron en español.
Los asturianos en general, decía, no por ello sentimos menos amor a nuestra habla materna, no necesitamos competir en reconocimientos con otros, no tenemos esa comezón… somos realistas. Seguramente, merece reconocimiento el esfuerzo y el trabajo de las personas y organizaciones y su amor por la tierra y lo nuestro, pero somos lo que somos y nuestra historia, la que es.
Después de todo, el glotónimo “bable”, nada que ver con política o políticos, es una humilde onomatopeya de bla-bla-bla… de falar a nuestra manera, nada que ver con etnónimos señeros como inglés, chino, francés o català, euskera y gallego, aquí, de más cerca…

De estos, de los de aquí más cerca, lo que nos distingue es EL USO de nuestras hablas, pero de eso ya hablaremos este invierno al amor de la lumbre…







02 junio, 2018



DESMONTANDO A GRAMSCI -2-


_       -... el marxismo clásico de Lenin a Gramsci-

   La propuesta de Gramsci –decíamos- de superar las contradicciones sociales, era establecer un nexo entre la teoría y la práctica, ya no se trataba de explicar el mundo, sino de transformarlo en una sociedad nueva, realizando “la hegemonía” del proletariado, lo que Lenin llamaba “dictadura” del proletariado: ello significaba la realización de una nueva infraestructura económica (Cambio en las relaciones de producción y en la propiedad de los medios, etc.); lo que determinaría una nueva superestructura cultural, modificando el plano de la política, la moral o la filosofía.
   Los efectos de esa hegemonía no sólo cambiarían, pues, la estructura económica, sino que afectarían del mismo modo a la esfera del conocimiento. La relación entre ambos planos se hace evidencia dialéctica, de modo que el proceso de formación de las ideas sobre el mundo implica una 'praxis gnoseológica' -que dicen los 'rojos-: a partir, pues, de la relaciones de producción y cambio, en la base económica, se produce la toma de conciencia 'ideológica' (1).  Se trata, decíamos, desde la interpretación filosófica del mundo... de transformarlo mediante la acción.

   Y ESA ES LA TESIS CENTRAL DEL MARXISMO-LENINISMO PARA TRANSFORMAR  EL MUNDO.

   Los resultados de tal intento resultaron muy discutibles y discutidos, durante los cien años siguientes. Pero, antes de entrar en esa discusión, conviene una mirada a algunas diferencias en la idea de la hegemonía entre Lenin y Gramsci. Para este último -como ya se dijo- habría que acomodarla a las circunstancias dadas, y las de la Italia del momento eran el resultado de una sociedad heredera de la Contrarreforma y el Renacimiento. Gramsci echaba en falta -en esa Italia- una reforma cultural y de las costumbres, como la que se produjo en la Europa protestante. Curiosamente se acercaba a las tesis de Max Weber sobre 'el capitalismo y la ética protestante'.
En ese contexto Gramsci entiende la hegemonía como el necesario aparato de dirección del Estado, que determine una nueva forma de conocimiento o reforma de la conciencia: es la vía de transformación revolucionaria o nexo entre la filosofía y la política, según la visión que tiene de Lenin en Materialismo y empiriocriticismo (2). De ahí dimana, para Gramsci, el carácter esencial de la idea de hegemonía en Lenin. Esa hegemonía, en la sociedad civil, implica, para Gramsci, la conquista del estado, convirtiendo al proletariado en clase dirigente, al proporcionarle las alianzas y la base social. 
Sin embargo, para Lenin la hegemonía del proletariado es siempre la dirección de las alianzas, de la política: Prescinde de de usar 'hegemonía', empeñado como está, en la pelea del Partido socialdemócrata ruso, entre Bolches  y Mencheviques... de manera que siempre se refiere a la dictadura del proletariado, ante la negativa de los reformistas a aceptar ese concepto clásico del marxismo. Situación en la que, Lenin, defendió (3) siempre que "la revolución burguesa resultaría en extremo beneficiosa para el proletariado... cuanto más decidida, más acabará favoreciendo la lucha del proletariado contra la burguesía". Por eso mismo, postulaba contra los Menches, que -aunque la lucha proletaria fuese una lucha revolucionaria-, "había que participar en la revolución burguesa hasta acabar haciéndose con la dirección de ese proceso revolucionario"; por contra, a pesar de los maximalismos declarativos de los Menches... entendía que  acabarían de remolque de la burguesía liberal, diluyéndose en una revolución (4) cortés: En una palabra, la revolución burguesa es la vía más rápida para alcanzar el socialismo... con el proletariado a la vanguardia; mientras, el maximalismo menchevique acabaría sin enfrentar  al poder burgués. Era el reproche a la tendencia "Iskrita" de aquel partido socialdemócrata ruso. Gramsci quería penetrar el aparato del estado desde la sociedad civil, pero, Lenin, lo que quería era dirigirlo con/desde la vanguardia del Partido: de manera que propone la suma del proletariado de obreros y campesinos con la pequeña burguesía republicana para eliminar a la monarquía, sin contemplaciones. Lo cual se expresa en el programa de "La dictadura democrática y revolucionaria de obreros y campesinos": La dictadura del proletariado.

En resumen, ese fue el desarrollo  de alguna de las ideas básicas del marxismo-leninismo y el inicio de su evolución desde Gramsci. Sin embargo alguna secta contemporánea sigue predicando -citando a éste incontinenti y acompañado de los inefables Mouffe/Laclau- su versión del socialismo científico. Empero, la tal pseudociencia envejece muy mal, compadeciéndose peor con la realidad, con el mundo como se percibe hoy, desde la fenomenología de Husserl, hasta el exágono del conocimiento y en particular las neurociencias, la cosmología, la teoría de los juegos o la física cuántica. Aprendieron IDEOLOGÍA en Somosaguas... y el Monte del Pardo no les deja ver más árboles ¿O era al revés?
Así que en la próxima entrega se tratará de elucidar, siquiera medianamente la milonga socio-política en cuestión.









(1) En la famosa Tesis sobre Feuerbach, Marx, sigue considerando a lo espiritual o intelectual y a la materialidad como dos sustancias o realidades excluyentes. No superado el marco hegeliano, todavía, consideraba la realidad o sensoriedad como objeto, esencialmente diferente de la actividad sensorial del sujeto. De manera que es posible que esa dialéctica -no resuelta- materialidad/idealidad excluyentes, esté en el origen de lo fallos conceptuales del Materialismo histórico, en los términos "filosóficos" acertadamente formulados por Gustavo Bueno.

(2) Parecer ser que era lo mejor conocido por Gramsci -período de cárcel, finales de los'20- de la obra de Lenin.

(3) A comienzos del siglo XX, Lenin defendía, sin empacho alguno, que el progreso de las fuerzas capitalistas era una etapa positiva y necesaria en el desarrollo de las  fuerzas sociales, lo que fortalecería al proletariado en su lucha por alcanzar la hegemonía y el triunfo de la revolución.

(4) Es de notar -vistas determinadas actitudes de partido, en la actual política española- que en el enfrentamiento Bolches/Mencheviques, estos, se conformaban con la con la constitución de la Asamblea (parlamentaria), respetando la figura del Zar; mientras, la opción para los Bolches era la República democrática. Actitudes, que parecen traer causa de aquella vieja polémica, del franquismo final, entre los defensores de ruptura o de reforma.

29 abril, 2018



DESMONTANDO A GRAMSCI -1-



 -un siglo más tarde-…



En este Blog, el pasado año 2016, en dos artículos referidos al pensamiento de Gustavo Bueno y otros tales, recordamos que a lo largo de su andadura intelectual y política, el bueno de Don Gustavo, dio en formular el materialismo filosófico, en la intención de superar un defecto persistente, asociado al continuado fallo en los intentos de construir –en el mundo realmente existente- la  sociedad comunista. Bueno entendía que tal defecto, sumaba a otros errores originales, el –fundamental- formulado canónicamente por ‘el papaíto Iósif’ en el DIAMAT, lo cual en realidad, constituía un artefacto rígido, pretendidamente científico y -como obra del Gran Poder- no expuesto a crítica o modificación en sus líneas maestras. Ello, naturalmente, constituía una violación flagrante de la esencia misma del concepto Dialéctica. Y tuvo consecuencias.
Uno de los coetáneos de Iósif Stalin, y que se las tuvo que ver, cárcel incluida, con otro Gran Poder de signo contrario, en Italia: fue Antonio Gramsci. Buen meridional, de pensamiento ágil, ya entrevió los problemas que la formulación, y peor aplicación, rígida, del marxismo-leninismo, plantearía en la Europa suroccidental. De manera que postuló, que lo dialécticamente revolucionario, en las condiciones dadas, en esa Italia, era adaptarse a ellas.
Así, que Gramsci trató de aggionar la obra de Lenin. Sólo había transcurrido una década, pero fuera el tiempo, fuera la distancia, fue consciente de la necesidad de evolucionar, de adaptarla… A pesar de lo cual se mantiene, entrambos, un hilo conductor básico, como el concepto de ‘Hegemonía’, al que confiere el mayor valor en la teoría o filosofía de la historia.
 Es esa idea, Gramsci pretende reunir – en interacción- la teoría y la práctica, siguiendo las tesis sobre la Filosofía alemana de Feuerbach, de Marx-Engels; en la intención (1) de superar –en una realidad nueva de sociedad comunista- las contradicciones filosóficas y de clase… lo que no sería posible sin salir del plano meramente especulativo (teórico). Gramsci, como Marx y Engels, entiende que el proletariado (2) ha de alcanzar en la práctica de la realidad social, lo que en filosofía no dejaría de ser especulativo. Pero tal declaración de intenciones –las de superar-, carece de algún valor performativo: en la realidad, nunca se ha alcanzado el cambio revolucionario de la estructura de una sociedad dividida en clases antagónicas, como atestigua toda una cadena de fracasos. Claro que ha habido infinidad de cambios sociales pero, dialécticamente, nunca se acabó de superar aquellas contradicciones sociales: más bien, el transcurrir de las sociedades ha agudizado su naturaleza  proteica, líquida…
Esas contradicciones  nunca han acabado de desaparecer… se han mutado y multiplicado. Así, que es preciso reconocer que si no estaban equivocados, como poco, Marx, Engels, Lenin y Gramsci no acertaron. Sólo hay que echar una mirada a la historia y al mundo entorno. Seguramente analizaron bien algunos problemas o síntomas negativos –y hasta muy negativos- en el devenir de las sociedades, pero se equivocaron en gran medida en la evolución y, sobre todo, en las propuestas o aplicación de los remedios. Y, lo peor, a pesar de su pretendida afición a la dialéctica, siguen –sus émulos- incapaces de cambiar de estrategia. En suma, y sin perder de vista el pensamiento Bueno: el gran desastre de la aparición del totalitarismo en los regímenes comunistas -realmente existentes- fue propiciado, a pesar de la declaración de fe en la Dialéctica, por la consideración de axiomas científicos, de lo que eran proposiciones, sin validar o falsear, y, que dogmáticamente impidieron se realizase la intención performativa de superar por la vía revolucionaria las contradicciones sociales. La famosa vuelta de calcetín a Hegel, no iba a conseguir que los cambios en las estructuras económicas y sociales modificaran la estructura formal de las ideas: Bauman o Beck –marxistas de jóvenes- o Richard Sennett –pragmatismo norteamericano-, lo explican por el libro.
En conclusión: “PENSAR, AL CONTRARIO QUE HEGEL, QUE  NO ES EL ‘ESPÍRITU OBJETIVO’ QUIEN DETERMINA LAS FORMAS DEL MUNDO MATERIAL, SINO ÉSTE QUIEN ACABA FORMULANDO EL PENSAMIENTO; NO ALCANZA A CONSEGUIR QUE UNA IDEA MARXISTA CAMBIE LAS RELACIONES DEL MUNDO MATERIAL… PORQUE TAL MODO DE  PROCEDER, NO DEJA DE SER IDEALMENTE HEGELIANO”.
Así que está serie del Blog se dedicará a explayar el hoy envejecido pensamiento de Antonio Gramsci, que ahora algunos tratan de desempolvar como nuevo bálsamo de Fierabrás o curalotodo ideológico de última generación.


(1)    Pero a pesar de esa intención dialéctica, de que el proletariado supere por la vía revolucionaria las contradicciones sociales, se acaba por volver al NO SUPERADO intento inicial del marxismo, de darle la vuelta al famoso calcetín IDEAL de Hegel. Siguen en el mismo lado de ese calcetín, porque esa intención, en la práctica, no ha dejado de resistir la aparición de tal sociedad… IDEAL.
(2)  “Proletariado”, no es un concepto original del marxismo, a pesar de que se atribuya a Marx la formulación -la idea actual- de las clases sociales. En realidad,  aparece con Servio Tulio, rey de Roma en el sg. VI a.c., autor de la división de las cinco clases de ciudadanía romana, de las que excluía a los proletarius. Es en el ‘18 de Brumario de Luis Bonaparte', donde Marx cita el lumpemproletariado, cosa distinta, formando parte de las 'sociedades', al margen o por debajo, de la burguesía y la clase obrera, con las que, de hecho, podría tener intereses encontrados.







21 abril, 2018



SOBRE LA DEFENSA DE LA VIDA...

-pero de toda la vida-                                                                                                

“Los niños con discapacidad no deberían nacer, sólo son un estorbo para la sociedad”: Titular de la SEP (1)
verazinforma.com"

 
… Se llama eugenesia, es lo contrario de algunas ideas que suelen cultivar las religiones del libro: -"creced y multiplicaos"-. Mandato, este, que se compadece muy bien con algunas emociones básicas en defensa de la vida.
La declaración del titular es torpe, no matiza qué sería lo deseable o la finalidad de la medicina preventiva, al respecto. Pero la ideología natalista, lo contrario de la eugenesia, que decíamos, tiene un talón de Aquiles insalvable: la lógica de los oncogenes, la que hace "crecer y multiplicarse" a un tipo de células a costa de las otras diferentes, hasta acabar con la vida del organismo que constituyen y... que viene a ser lo mismo que está haciendo nuestra especie, en este momento, con el resto de la vida del planeta tierra. Hasta tal punto, que las consecuencias como la acción combinada del metano, del óxido nítrico y del co2 en la atmósfera; del plástico, mercurio y metales pesados en los océanos y la contaminación química y bacteriológica del agua dulce… alcanzarían imparablemente niveles de catástrofe global –no importa ya el negacionismo respuesta,  ni rebatirlo siquiera-…y los efectos de un par de grados más de temperatura global, con unas pocas unidades más de partículas en el aire, serían irreversibles en siglos; afectaría a los hielos polares, al estabilizador térmico que es la corriente del Golfo, se derritiría el permafrost de Siberia, la subida del mar anegaría países enteros, y…, y…, y…
Entretanto la demografía está fuera de control, con desequilibrios irreductibles: mientras en los países desarrollados cunde la paranoia colectiva de que, tras cuarenta años de vida laboral, corran peligro las pensiones -la seguridad-, debido a la inversión de la pirámide de población (Vivimos más tiempo, ya retirados de la actividad, a la vez que decae la natalidad)… en los países subdesarrollados esa natalidad y la miseria galopan desbocadas.
La paranoia de los ricos tendría más fácil remedio: en la robotización que viene –disminuyendo (costes) los salarios-, las máquinas pagarían a cambio el impuesto social necesario. Pero es en ese tercer mundo donde radica el verdadero busilis: mientras que en el primero accedan al mayor poder descerebrados que dejen hacer, y la NATALIDAD sea, eso, cuestión tercermundista, en modo alguno será posible retener y estabilizar las poblaciones para, improbablemente, transferir recursos y generar actividad sostenible en ese mundo, donde la mano invisible del mercado no será nada pródiga en puestos de trabajo.
El escenario actual –que más parece el paisaje tras la batalla- de los acuerdos imposibles sobre cambio climático, ilustra perfectamente  tal impotencia: el primer mundo incapaz de dejar de consumir y contaminar compulsivamente, y el otro impotente de parar la explosión demográfica. Lo cual no excusa el DEBE SER, que nos recuerda la tremenda –pero no única- amenaza que navega por el Atlántico norte: el principal sistema de corrientes oceánicas se está frenando –es como cuando en una casa se está apagando la calefacción, en mitad del invierno-. Pero, además, es que la amenaza de desencadenar una glaciación: Europa helada hasta Sierra Morena o un bloque de hielo, de más de 1km de espesor, sobre Hamburgo; interactuaría inevitablemente con los desastres medioambientales que ya hemos citado. No importa que, bajo un aire irrespirable, el mar suba cien metros o los baje, que se congele el hemisferio Norte o que en los trópicos, 50º grados a la sombra sean lo habitual, ni que los huracanes se acostumbren al exceso de velocidad, ya no habrá Guardia civil capaz de pararlos, a más de 300 Km/por hora.
Será suficiente, pues, que se dispare una sola de las amenazas: sea cual fuere, interactuarán de un modo u otro en cadena (2), de manera que aunque el mundo ‘norte’ adolezca del citado envejecimiento, pero transfiriese recursos para fijar población y actividad –decíamos- en el ‘tercer’; con el modelo de producción/consumo industriales actual, no es posible impedir, más bien, detener, el colapso. El tiempo medioambiental es –por así decirlo- mucho más lento que el biológico, transcurriría algún –‘y aun algunos’- siglos, antes de poder revertir el proceso. Si acaso, podemos aspirar a atenuarlo. De modo que interesa echar un ojo, a lo que está ocurriendo del mar de Barents para abajo: una corriente de agua ha ido dejando su calor –nuestra calefacción- desde el Caribe y por la costa de Europa occidental, hasta Noruega; entonces se encontrará con una masa de agua fría y más densa, que arrastra la sal generada por el hielo ártico, hundiéndose y empujando la corriente por el fondo oceánico, de vuelta, camino del Golfo (de México), para volver a recargar de calor y continuar el ciclo. Pues es el mecanismo que se está deteniendo -coincidiendo con la era industrial-; está menguando, en casi tres veces el caudal que desembocan todos los ríos del mundo juntos: lo que, se calcula, ya representa cerca de la quinta parte de la Corriente (del Golfo). En cualquier caso, alterará el sistema termohalino -la temperatura y la salinidad- oceánico, con cambios climáticos en todo el planeta.
La conclusión evidente es que la actividad –la producción- económica y, sobre todo, la demografía no lo soportarán. Es decir, la estabilidad social. Y afectará, antes de mediados de siglo, a miles de millones de personas.
Conclusión: “TENEMOS –más bien, vivimos en- UN PLANETA DE RECURSOS LIMITADOS. PERO NO CESA EL AUMENTO EN LA EXPLOTACIÓN Y DEGRADACIÓN DE ESOS RECURSOS. PRACTICAMOS EL 'USAR Y TIRAR': NO ALCANZAMOS A REPONERLOS Y SE ACABARAN”. Y no hace falta “predicar” más ecología.
Pero sí hace falta acabar de entender: los humanos somos una especie más en la evolución ¿cósmica? de la vida. Formamos parte, estamos inextricablemente ligados a esa vida y sólo somos una especie pariente, más evolucionada. Podemos reconocernos en la chispa de la mirada de nuestro perro o en un gesto empático de un chimpancé. No somos vida ‘diferente’ de ellos. SÍ somos, en definitiva, un eslabón de la misma cadena. Pero desde la caverna de la noche de los tiempos –como en aquella de Platón- creímos entender los mensajes del fondo -desde las sombras-, de nuestro origen como seres dependientes de la naturaleza. Tuvimos que enfrentar esa ‘nuestra’ naturaleza e ir interpretándola, hoy quizá con acierto, ayer no sé sabe. Por el camino, de la salida, fuimos elaborando –necesitando- explicaciones, pero las formulábamos todavía incompletas, cuando no erróneas,  en modo de ‘mitos’: las famosas respuestas a… de dónde, a dónde, y qué somos. Un hermoso mito cuenta que Prometeo robó la llama a los dioses para iluminarnos la salida, el camino del saber. Empero, nuestra moral -las reglas y las costumbres- tenía un ancla en la larga andadura del pasado; de modo que se hacía menester nuestra capacidad de inteligir, e ir tramando una forma de conocer ‘científico-técnica’, y que necesitaba ´validar’ lo que aprendíamos…
Ahora, diez o doce milenios después del inicio sostenido de esa andadura –la revolución neolítica, la primera techné que nos saca realmente de la naturaleza- nos enfrentamos a viejos conflictos irresueltos, pero directamente implicados en nuestra sobrevivencia. Y, de algún modo, en el centro, en su contradanza con la ECOLOGÍA, encontramos a la IDEOLOGÍA NATALISTA. Está asociada a algunas de nuestras más rancias creencias, y por muchos de nosotros se confunde: con la defensa de la vida.
El paleontólogo, judío y neoyorkino, Stephen Jay Gould, creyó acercarse a la tregua, pero en realidad se estaba enfrentando al mayor conflicto de la humanidad. “CIENCIA versus RELIGIÓN” llamó a su libro, o lo que es lo mismo: la RAZÓN contra la FE. Jay Gould quiso tener fe –en la tregua-, y postuló que se trataba de un falso conflicto, puesto que ambos mundos podían cohabitar desde el respeto mutuo. Murió el año anterior al desastre de sus torres gemelas, dejando sin revisar su postura…
Probablemente nunca se llegue al acuerdo: el fondo de la cuestión es irreductible. Y de Jay Gould sólo se salve la también inevitable tregua de… el respeto recíproco. Pero eso necesita que cambie nuestra naturaleza, y ese es otro debate.
La versión actual de ese conflicto se expresa entre NATALISMO y ECOLOGÍA. El primero postula la defensa de la vida humana como bien superior a cualquiera otra consideración o valor. No es preciso defender tal hecho; lo sostienen sin ninguna ambigüedad. Sus creencias milenarias así lo establecen. No hay discusión de términos ni medias tintas, sobre cuándo, quién o cómo se estableció el mandato . Es dogma –revelado- de FE.
La segunda defiende la vida del planeta desde una visión cosmo-biológica, consecuencia evolutiva de las propias condiciones esenciales de lo existente: el movimiento que se expresa en forma de complejidad creciente hasta constituir la materia, la vida y la autoconciencia de existir. Las reglas dimanan, -son- la propia naturaleza del Cosmos.
El conflicto entrambas posturas se establece cuando las religiones del libro –quizá, principalmente la católica-  al considerar la vida humana como el bien superior, no pueden -no alcanzan a - contemplar la perspectiva de la sexta gran extinción (3) que ya se está produciendo, según los resultados incontrovertibles que aporta la gran mayoría de la comunidad científica. Responden con las teorías ‘negacionistas’, el ‘diseño inteligente’ o similares. Son sus creencias –fuertemente asociadas a su emocionalidad, además-, de manera que... siguiendo a Jay Gould, adoptaremos, sin comprender, el respeto mutuo.
Por la otra parte, la proposición tiene una lógica bien simple: la evolución cósmica nos ha situado en un planeta –como nave cerrada- que viaja por el espacio y que cuenta con unos recursos finitos, que estamos agotando -no reponemos-, y tampoco somos capaces evitar su creciente contaminación.
Una parte del pasaje del planeta-nave sostiene el derecho incuestionable –de vida- a no poner limitaciones a la natalidad (creencia que considera natural y consecuencia del mandato: creced y…). La otra parte replica con la cuestión de la lógica de los oncogenes: no es natural la ley que permite, y acaba provocando, que una forma de vida crezca sin control, a expensas de ir provocando la desaparición de las otras formas de vida. Lo que finalmente redundará en la extinción, también, de la forma de vida que desestabilizó el proceso. En este siglo XXI miles de millones de humanos, de una u otra manera, resultarán atrapados en el medio de ese conflicto…

ASÍ QUE SÍ, SOMOS DEFENSORES DE LA VIDA, PERO DE TODA LA VIDA, QUE ES LO JUSTO…



(1) Entidad y portal que dan doctrina en Hispanoamérica. Defiende las posturas natalistas habituales.
(2) En realidad actúan como un sistema de sistemas, como el efecto mariposa, precisamente.
(3) A lo largo de los cerca de 4000 mill. de años, desde la aparición de la vida en el planeta, se han producido cinco extinciones catastróficas de gran parte de las especies -por encima del 75%-. Debidas a fluctuaciones de oxígeno, co2, temperatura, vulcanismo, etc. En el último siglo el ritmo de desaparición de especies se ha multiplicado por cien…






16 febrero, 2018



CUDILLERO... La memoria en el Otoño.

(Publicado en el nº 8 del Anuario El Baluarte)

-Lo que el tiempo se llevó... -
El mundo tal como era, hace casi cincuenta años, comienza a ser una memoria deshilvanada… de recuerdos imprecisos: cómo se llamaba aquél, o dónde ocurrió tal… Es nuestra condición, o habría que decir nuestra naturaleza. Pero si de Cudillero se trata, hay que sumar otro olvido: no es que sea más grande o más chico, más nuevo o más viejo, no. Es que es distinto: el tiempo -que acaba con todo- nos lo ha cambiado. Se han ido marchando las gentes, primero fue la emigración, luego la biología; lo que se traduce en echar de menos a los fulano o a mengano, a tal familia o al otro establecimiento.
Por mi memoria –todavía- desfila un carrusel de imágenes: las subastas en la rula, entre la barahúnda de carros y camiones, pescaderas, cajas de hielo donde bailaban todavía escamas de plata que, ya fuera del traste, seguían buscando la mar; sebordar con poleas, si el cable de José Antonio se quedaba sin luz en pleno temporal -me tocó, me tocó, aquel malhadado verano del 61-; el vino de casa Leal; Tejerina, el médico, gesto adusto, gafas de concha y aquel Morris inglés; las partidas del bar de San Xuan o en la confitería de Julio Calzada, donde nos gastábamos de guajes la paga en caramelos; Totó amurando vela; los eternos rivales Marino-Paviano; el Recachao arrastrando aquella vara hasta la cabeza’l muelle, donde tratábamos de aprender a pescar algún pancho; un gentío que subía o bajaba en romería de Santana, con o sin liga verde; los que venían, los que nos íbamos. ¿Acordáisvos?
Cuando empezaron la ENSIDESA de Avilés -tan cerca-, Cudillero comenzó a marcharse, primero en aquellas Guzzi, antes de las seis de la mañana, y luego toda la familia, a lugares de nombres como Villalegre, el Barrio de la Luz o Versalles, nada menos. (La Estrecha o la calle Salsipuedes se fueron quedando atrás... vacías). Entonces, poco a poco, se fueron alejando los recuerdos... si pescaba más bonitos Pepe Kubala o José Antonio el Carmenchu, o si era Lucianín a la ardora...
Podríamos seguir con la ensoñación: qué se fue de la sirena de las fábricas al mediodía… todo el pueblo sabía que era llegada la hora de comer. Y... qué de la procesión de las pixuetas calle arriba, calle abajo: todavía recuerdo la parada -y bajarse el barreñón de la cabeza, en la acera de las mujeres de la familia, vecinas o amigas- para la sisa del, admitido, buen plato de bocartes para hacer la anchoa de casa. Pa’chasco que lo fueran a comprar ¿Y dónde? Buenas eran aquellas pixuetas. Entonces, por las costeras de la ardora y de bonito, medio pueblo, iba, trabajaba en la fábrica.
Aún recuerdo el olor inconfundible -aceite fresco de pescado-, que se desprendía de aquellos varales, o más antiguamente marianos, donde las gatas y otros escualos escurrían el saín (1) que, a más de dar sobrenombre a la villa, lo mismo curaba algún achaque que alumbraba los últimos quinqués de las Asturias. Algunas costeras se cargaban, también, de chicharrón y de caballa, llenando las aceras desde la plazoleta hasta el muelle del oeste.
Aquel Cudillero, como los pueblos premodernos, desde el relato de Hesíodo, pautaba los trabajos y los días: bajar la varas de Bonito antes de San Pedro, anunciaba al verano; empatar anzuelos en otoño, esperaba el Besugo; encascar y afeitar redes, traía Bocarte de la ardora toda la primavera. El invierno, entre el Besugo y la ardora, era traicionero y temido... Todavía conservábamos aquel temor arcano de los 'días señalados': pocas eran las familias que antes o después salían librando. La mar, cada tanto, se cobraba su tributo: Sabino, Zochas, Tono el de Paulino con José Luis el de Eloína y sus hijos, el Ñe, el hermano de mi madre y sus tres primos, hijos de Llanera, y tantos más que les precedieron en rosario interminable. Esa es la otra cara de… ese mar que ves tan bello.
Don Armando lo narró con todo realismo, en la que pasa por ser la mejor novela marinera de la literatura española: el Cudillero de "José" nace -al parecer- de la impresión que produciría dejar la Quinta de Selgas -una réplica del Petit Trianon de Versalles- para encaminarse trochas abajo, desde la Talaya hasta la mediana entre la Iglesia y la Ribera. La expresión -en el inicio de la novela- de esa bajada, revela una auténtica epifanía, imposible de confundir con cualquier otro lugar (2). La misma impresión que, seguramente, experimentaron... Jovellanos imaginando puertos y caminos; Jorgito Borrow, aunque sólo cuente el tránsito espantado, pero bien acompañado por sus biblias, entre Las Vallotas y Muros del Nalón; Víctor de la Serna y Espina, tras los Foramontanos, cuyos familiares me prohijaron en Madrid-Babilonia; Ortega y Gasset que traído por Evaristo Valle, nos veía con caras o, al menos, gesto de cormoranes ávidos del mar, afición que pasó a su hijo Miguel, tal que éste me confió una noche madrileña. Expresión, decía, la misma que revelan la mirada del grabador y pintor Campuzano, los Martínez Cubells, Esteve Botey, Chicharro, Vaquero Palacios, Casaus y toda la pléyade que desde el siglo XIX lo cuenta y lo pinta. Todo eso es lo que se fue con el tiempo, lo que echamos de menos o lo que nos parece que ha desaparecido de este Cudillero... Ese algo esencial, ahora sombras, que se desvanecen entre el pasado y la memoria.
Habría que volver a desatar las palabras de López Pacheco, o la caja de pinturas de Casaus, para retornar el espíritu, la esencia, de aquel Cudillero que se fue, dejándonos... cuántas casas vacías, y aun peor que vacías. Aunque sepamos que ese tiempo... nunca vuelve.
Uno le da vueltas y más vueltas, que si el falso progreso, que si las luces de la ciudad... al final, un marinero, ya tan mayor como yo, me descubrió la verdad: la vida de la mar es muy dura, demasiado dura, y más como lo era entonces, cuando comenzaron a marchar...
Quizá el suceso de la emigración a la ciudad sea el mal general del país, pero no es fácil soslayar las últimas oportunidades perdidas con el maná europeo de los noventa –que recuerdan la parábola de los talentos-. No era muy complicada la receta: ordenadores para todos los guajes, unos pocos profesores de informática y diseño, y no nos harían falta eso que ahora llaman startups. Aún recuerdo un tiempo, cuando la primera iniciativa de un rapaz era hacerse con una lancha, como el José aquel de la novela... aunque ahora el negocio no siempre venga de la mar.
No es demasiado original aducir el espíritu del tiempo, o que los que vivimos en un tiempo estamos a él conectados de manera irrepetible. Es como si nuestra conciencia y nuestra sensibilidad fuesen moldeadas por lo que pasa o no pasa en ese tiempo. Vivimos el nuestro, nos confundimos con él, de manera que ese tiempo sólo existió porque nosotros lo hemos vivido. El recuerdo de nuestras sensaciones: cuando niños nos escapábamos libres, en las noches claras de verano, al muelle del este convertido en paseo de chicos y mayores, hasta más de la medianoche; o el descubrimiento de lo que todavía no le dábamos nombre: la libertad de vagar por el muelle del oeste y más allá -ya en pandilla-, y que no es intercambiable con ninguna persona; ni tampoco la vivencia colectiva de quienes pasamos aquel tiempo en este sitio. Los filósofos alemanes –se ve que hay gente pa’too- del siglo pasado, andaban con historias de lo óntico o lo ontológico, de los entes o del ser… es mucho más sencillo: SER EN EL TIEMPO. Por eso nos identificamos, sentimos, y somos inseparables del nuestro. Y él de nosotros. Es lo que desata las emociones de la añoranza y la melancolía, hasta confundirnos con un tiempo un lugar.
En ese tránsito, los humanos somos muy repetitivos: al principio la vida es como el esplendor en la hierba… pero luego, siempre es como en aquel relato de Joyce, al final de Dublineses, de cuyo nombre yo tampoco quiero acordarme.
Después de todo, solo somos olas, que llegan a la playa de la vida, después de unas y antes que otras…
Ahora: ahora, ya sólo quiero escribir versos tristes en Vidío:


LA GAVIOTA

Sobre el fondo gris una pequeña gaviota se sostiene
entre el viento, la marea y la línea del horizonte...
difuminada, perdida, entre la melancolía y la lluvia.
Y en el promontorio, hoy, desolado de Vidío,
solitarias cabritillas buscan inútil amparo de esa lluvia repentina,
en ausencia de un triste árbol,
un pequeño diluvio incesante las exhibe a la soledad.
Para T. S. Elliot, Abril era el mes más cruel,
que confunde la memoria y el deseo.
Se preguntaba qué raíces agarran
y qué ramas crecen en la soledad pétrea,
bajo la gris neblina invernal,
donde quizá vuelva a florecer la vida
que... juega al escondite con la llegada de cada otoño.
Ahora -hoy- es la bastedad del tiempo desolado,
y la vida trata inútilmente de ponerse a resguardo.
Después de todo, las cabritillas... sólo eran una metáfora.
Los días de primavera, de El esplendor en la hierba, no vuelven para siempre,
una repentina e inesperada helada es capaz de malograrlos...
Hoy Vidío -mi nombre- está cerca, muy cerca,
de esas Irlandas de The Baste Land...

(1) Del latin 'saginum', Se relaciona con aceite de pescado. En francés antiguo saïn. Puede que el palabro no nos lo hayan traído con 'rochel', 'sable', ‘cochón’, etc...
(2) Cuantas veces he vuelto a hacer la bajada al puerto en otros lugares, se hace más evidente lo imposible de atrapar, recrear o repetir esa magia. Aspecto que, por sí solo, debería dejar de lado cualquier polémica. Aunque claro, en el magín de don Armando, pudieran entremezclase paisajes y paisanajes, como en el de todos los creadores. Pero Rodillero/Cudillero siempre seguirá cayendo al Oeste de peñas...