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25 febrero, 2016



CUDILLERO EN LA MEMORIA... /1

                                                      

(Publicado en el Nº 6 de la Revista Anuario EL BALUARTE 
de la Asociación de Amigos de Cudillero)

            Cudillero –lugar al que siempre se vuelve- tiene una relación especial con la memoria…
            Quizá, eso explique la evocación inmediata en la distancia o en los encuentros: “Acuérdaste de…”.
            Debe de tratarse de una impregnación o una vibración un ta­nto peculiar.  Cierto, que el paisaje y el paisanaje ayudan, o más bien ayudaban… Quiero decir, que va menguante: la modernidad, el exceso, el turismo atropellado y algo de descuido, han convertido a mi pueblo en otra cosa. Quizá sea rumia de viejo, pero buena parte de su más genuino encanto ha desaparecido. Y no lo digo por fastidiar o como crítica negativa, lo digo, por si se llega a tiempo, todavía, a preservar algo de aquel Cudillero tan diferente… Tampoco es nada original lo ocurrido: son tantos los lugares más pintorescos u originales de España, arrasados por la industria turística y la codicia mal contenida… Pero los últimos veinte años nos lo han dejado medio irreconocible.
            Mi memoria alcanza, aún, a mediados del pasado siglo. Entonces, mi pueblo doblaba la población y la actividad de hoy. En un país más pobre, la vida bullía en aquel  Cudillero. Todavía hoy, perdido entre el monte y las dehesas de El Escorial, puedo evocarlo: En el otoño, a menudo, cuando el paseo me ha llevado por uno de los más soberbios parajes serranos, de pronto -en plena ensoñación-, me sale al paso la Casita del Príncipe, donde un viejo rótulo reza: “Glorieta de Juan Selgas”. Y, entonces, claro, la imaginación salta por sobre el Guadarrama en un vuelo a través del tiempo y el espacio: … bajando, de camín, se me representa la “Cuesta Cunchina” –hasta hacía nada “de Guaítos”-. Era, para mis cinco años, una cuesta imponente; subirla en bicicleta: un Tourmalet, o así. Un desafío para todos los guajes, como un doctorado ciclista. Claro que, en aquel Cudillero, prácticamente no había bicicletas. No me resisto a contarlo: los Reyes del 53, me trajeron una bicicleta. ¡Buena hubo! No sé cuántas ‘per cápita’ repartiríamos aquel año, pero la disputa por a quién le tocaba cada vuelta, acababa con una descalabradura; con lo que la jefa –mi ma- decidió venderla al otro día. Es literal. De manera, que hubo que volver a jugar al lirio, a la potra o a las chapas en El Palación.

            Así, al cumplir los cinco años, me mandaron a la escuela de Calixta –no estoy muy seguro si, en realidad, sería Calistra-, que era lo que hoy llamarían una escuela de proximidad, o  sea, que estaba a la vuelta de mi casa. No me resisto a evocarla: entre el  almacén y la bodega de aquellos vinateros castellanos, los Leal. En mitad de la curva, tras franquear un portal de azulejo, se subía un piso de escalera -húmeda, como la mayoría de las del pueblo, por aquella época-, casi por encima del río de la Mimosa y, nada más girar, a la izquierda, se entraba en el ‘aula’; bueno, en la escuela de Calixta: un coqueto salón de una señorita solterona y severa, pero que siempre recordaré con cariño. Se daba bastante arte para meternos las primeras letras (Teniendo en cuenta que, por la época, los arrapiezos de Cudillero estaban bastante asilvestrados). Había una gran mesa central de madera, alrededor de la cual situaba a los alumnos –por el momento- más aplicados; pero si habías sido más trasto: al banquín o, como mucho, a unos pupitres, casi mirando a la pared, de aquellos de tapa inclinada y tintero de porcelana. Quiero recordar algo parecido a un encerado, haciendo esquina con… ¡El piano! Nada menos que un piano, donde ‘la maestra’, en ocasiones especiales interpretaba una música que nos parecía, literalmente de otro mundo. Seguro que fue la primera vez que pude escuchar el ‘Para Elisa’.  Así era mi escuela de párvulos, y cada vuelta a Cudillero, por un momento, regresa a mi memoria, con la extraña  claridad de los primero recuerdos. Al llegar a mi casa -en frente, todavía-, me parece ver pasar, a las nueve, a Floren o a Mary Ángeles. 

                                                                                                              José A. Suárez Marqués

15 febrero, 2016



BARUCH... /6

Baruch fue una serie de pequeño artículos, cuya intención  primera fue tratar de establecer, de contrastar, dos maneras diferentes de leer la realidad humana. De hecho, desde los tiempos del imaginado Odiseo -o real ¿Quién sabe?-, ambas, mal que bien, conviven: el mito y la razón.
Esa convivencia, más antigua aún, se inicia en la Edad de piedra, hace más de cien mil años, cuando nuestro grado de encefalización ya era semejante al actual.  Para entonces ya éramos el último modelo -evolutivo- de la serie homo: un cerebro de aproximadamente un billón de células, la décima parte en el procesador: como un Terabyte, y con unas cien veces más de conexiones, o sea, por encima de 100 billones de sinapsis o enlaces neuronales. Y utilizábamos dos tipos de programas diferentes, uno  para interpretar las cosas de aquella manera: mágica ¿En qué otro modo, sino, podíamos interpretar el temor que representarían un cambio climático, como una Glaciación, una plaga o un simple meteoro, para los primeros Sapiens? El otro, menos natural, buscaba explicaciones, correlaciones o identidades: la lógica, la que nos ponía al alcance un buen bifaz, en suma... la razón, la tecnología (1).

El comienzo de esa doble naturaleza, no tuvo lugar 'entrerríos' -El Nilo y el Éufrates-, no: ocurrió alrededor de la falla del Rift africano, en algún lugar entre Taung, Sudáfrica, y el triángulo de Afar, cerca del cuerno de África. Y no fue exactamente el paraíso terrenal, fue una noche de seis millones de años, en la que pasamos de presa a depredador, de un cerebro de poco más de trescientos gramos a más de mil quinientos; nuestro índice de encefalización -la proporción entre masa encefálica y el resto del cuerpo- se multiplicó por tres, en una magnitud y un tiempo, prácticamente, sin precedentes en otras especies. Pero nuestro bisabuelo Pan troglodytes, prácticamente un chimpancé, era una presa fácil, demasiado fácil, en el nuevo entorno -de pérdida de selva- que se estaba produciendo en el este de África; para cuyos felinos resultaba una especie de hamburguesa muy asequible. La respuesta (2), pues somos una respuesta a ese desafío, fue la aparición de la sociabilidad: #150#, ese es el número mágico que llegaron a alcanzar, al final de esa noche de millones de años, los clanes de cazadores-recolectores en vísperas del nacimiento de la civilización. Se había acabado la edad del hielo para aquellos emigrantes africanos a Eurasia, y comenzaban a desarrollarse las culturas neolíticas en oriente medio y quizá más allá del Himalaya. Y #150# sigue siendo el número de amigos que podemos  gestionar -eficientemente- en un grupo de Facebook, parece un límite fijo de nuestra sociabilidad.
Durante esos millones de años -antes, incluso, de ser humanos- nuestro destino, nuestra suerte, dependió por completo de la Ley del clan, de su cohesión; lo que favoreció la identificación de esa Ley del clan con la Ley de la sobrevivencia; llegando a adquirir tal importancia selectiva, que acabó por quedar impresa, tanto en las estructuras sociales, como en nuestra la realidad genética. Como ya hemos comentado. anteriormente.
Pero esa cohesión del clan -a su vez- se relaciona con otro elemento central en nuestra historia evolutiva: la necesidad, la búsqueda, de respuestas a nuestra angustia existencial, enfrentados a la naturaleza. Y esas respuestas se produjeron en clave de mitos, con los que estrenamos el pensamiento simbólico. Ocurrió que, durante el Paleolítico, hace decenas de miles de años, aislados entre capas de hielos que podían  alcanzar algún kilómetro de grosor, y persiguiendo enormes bestias peligrosas - auténticos depósitos de grasa y calorias-, expresamos esa nueva naturaleza simbólica: entonces, en la oscuridad de 'la caverna' activamos la cultura: cuando un cazador, chamán y artista, con los dedos untados en ocre de hierro u hollín con grasa, iluminado con una lámpara de tuétano, perfiló -como una invocación propicia- el bisonte, que tenía en su mente asociado a la caza. Ese lazo mágico, y no otro, fue el origen de  las religiones e, incluso, de la filosofía y la ciencia (3).
Podría decirse, pues, que somos los herederos del usuario de la lámpara de tuétano, de aquella angustiosa necesidad de explicación, que nos llevó desde el tránsito por los mitos primitivos, o desde la teogonía y las grandes religiones, hasta los sistemas filosóficos y la ciencia misma. Durante muchos milenios tratamos de aplacar esa necesidad mediante la tradición animista, hasta que el formidable desarrollo científico-técnico de los últimos tres siglos, nos puso ante la más inimaginable herramienta: 'el Código genético', 'la Biología evolutiva', 'la Física cuántica', 'la Radioastronomía' o 'la Teoría de la relatividad' (Que ayer mismo, nos ha ilustrado con una onda gravitacional que viaja en el tiempo, pero que Einstein predijo hace ya un siglo).
La luz de aquella primitiva lámpara de tuétano acabó por modificar la relación del hombre con la naturaleza, hasta enfrentarle con la pérdida de toda relación con el 'animismo' original, pero también a superar el dualismo (4) clásico de materia y espíritu, como dos realidades originariamente diferentes. Esa luz, o la Ilustración, finalmente, deja al humano, con su razón pura, en un mundo transido de soledad. Somos capaces de rastrear el ruido de fondo cósmico de una singularidad -big-bang-, ocurrida hace más de trece mil millones de años, de mapear la materia del cosmos, de conocer la masa o la energía oscuras, de intuir el viaje en el espacio-tiempo cabalgando una de esas ondas gravitacionales, pero seguimos solos. La respuesta -choquemos, o no, con la iglesia- al ¿Hay alguien ahí? está más allá -antes- del gran estallido que convirtió las ondas de energía en la materia consciente que llegamos a ser: un infinitésimo de tiempo, en una eterna noche cósmica. Y esa noche acabará en un fundido blanco, digamos. en unos cinco mil millones de años cuando se colapse el combustible de nuestra estrella, que acabará capturando la ya menguada órbita de nuestro planeta. Entonces todas las partículas y la energía subatómica se fundirán en ese gran blanco, antes de que todo acabe como una más de las enanas rojas que pululan por el infinito, negro y frío universo, esperando el próximo big-bang y... vuelta a empezar ¿El eterno retorno?



(1) El bifaz o doble cara, es la herramienta -una especie de hoja de hacha, tallada a dos caras- producto de la primera industria humana: la piedra tallada, de algo más de 2.5 millones de años. Aunque todavía no éramos el último modelo evolutivo, precisó cierta planificación: memorias de búsqueda, desarrollo de un plan inicial, selección de materiales y técnicas; actividades que acaban por diferenciar la especie Homo sapiens del resto de la naturaleza animal.

(2) Es fácil de observar en cualquier grupo de babuinos, cerca del Kilimanjaro.

(3) 'Relegere', étimo de 'Religio' si hacemos caso a Cicerón  -antes de la actitud invasiva de las religiones del libro y de la filología moderna- significaría: reunir y con diligencia. Por otra parte, 'Religere', se asocia a: escrúpulo de respeto hacia lo estatuído; lo que ayuda a mantener el equilibrio, la duración de la sociedad; o el respeto general a lo que representaba la 'Urbe'. Posteriormente 'alguna' religión lo trasladó hacia lo que representa una Iglesia, una creencia.

(4) Gustavo Bueno, Mario Bunge o Stephen Hawking y tantos...  han rastreado la lógica del discurso científico, pero más allá del espíritu que anda entre pucheros, no hayan absolutamente nada más que materia y la infinita oscuridad. Aunque la desbordante imaginación de Roger Penrose vea tiradas de 22 universos paralelos, que comienzan cada 40.000 millones de años ( Ya sólo nos faltan 26.000 millones para salir de dudas). Stephen J. Gould, en CIENCIA VERSUS RELIGIÓN, trató de establecer una tregua de la ciencia con las creencias, es decir, con las religiones, empero la querella sigue en pie: Richard Dawkins en EL ESPEJISMO DE DIOS, niega la mayor. Querella que excede este artículo. Quiza...







01 febrero, 2016



BARUCH... /5


En la entrega -4- recapitulábamos cómo evolucionó la visión histórica y científica en Occidente. Y lo hizo alejándose gradualmente de los mitos de origen, de lo que hoy llamaríamos las tradiciones de Oriente. Así que, antes de acabar contrastando la actualidad del pensamiento de Baruch, echaremos una última mirada a los orígenes de la tradición monoteísta, en contraste con aquella visión occidental.
Es bien conocido que la escritura aparece, en la mitad del neolítico, en el creciente fértil -entre el Tigris y el Nilo-. Las primeras protoescrituras lo hacen hace casi seis milenios*, pero no es hasta transcurridos dos milenios cuando un grupo semítico, seguramente, nómada aún, inicia una tradición oral que atraviesa todo el segundo milenio y no se fijará como texto hasta el período que va del 1000 al 500 a C.
Esa larga gestación dejará una impronta típica de los cautiverios babilónicos y egipcios en el futuro texto sagrado: el diluvio, el más allá, el inframundo, la inmortalidad en el mito de Gilgamesh, el mito de la mujer y la costilla del primer hombre. Finalmente, tiene particular interés el relato sumerio de la disputa de dos personajes mito: Emesh, custodio de la vegetación y del bosque, es decir, de la naturaleza primigenia; y Enten, custodio del ganado y las cosechas, o sea, del mundo agrícola. La narración tiene un claro paralelismo con Caín y Abel, pero refleja, además, el conflicto que implicó la aparición, precisamente en el 'creciente fértil', de los mundos agrícola y ganadero que van desde el templo de Göbleki Tepe (Anatolia), hasta la primera urbe, en Jericó (Israel), hace casi doce milenios. 

Es en ese mundo, a finales del Neolítico*, donde se teje -con retales de aquí y de allá- el relato bíblico. Quizá el interés mayor para esta serie se sitúa en su inicio, en la cosmogonía que es el Génesis. Y esa historia de la creación arranca desde una contradicción elemental: En el primer capítulo, después de los animales, 'dios' crea al hombre y a la mujer, a su imagen y semejanza, pero sin establecer prioridad entre ellos (G 1:  25-27); empero, en el segundo capítulo, crea en primer lugar al hombre, más tarde a los animales y, finalmente, a la mujer de una costilla del hombre (G 2: 4). 

Ese es el inicio de la cosmogonía que constituye el primer libro de la Torá o Tanaj: la Biblia hebrea o Nuevo Testamento de los cristianos. Tal contradicción, en el mismo principio, parece enloquecer a los exégetas del creacionismo, que llegan hasta el punto de diferenciar "ser creados simultáneamente" de "en el mismo día". Lo cual les debe de parecer una diferencia sustantiva, después de cuatro mil años y no se cuantos meses y días que, para ellos, han transcurrido exactamente desde la creación. Pero tal diferencia se complica aún más, para acabar en un enredo de faldas, o en una cuestión de genero: En los comentarios cabalísticos del Pentateuco al (G 1: 27), es decir, al versículo que alude a la creación de hombre y mujer como iguales, se acaba por afirmar a Lilith como la primera esposa de Adán, anterior a Eva. y que le abandonaría para acabar volviendo como súcubo al inframundo demoníaco. El comentario añade -cuestión de género o invención de su origen mesopotámico-, como motivo del abandono, la negativa (!) de  Lilith a yacer en posición inferior con Adán. Hoy parece una broma, pero por cuestiones tales, la 'santamadre' o el 'sanedrín' de turno, daban con uno en el martirio. 

El citado conflicto de versiones diferentes o enfrentadas, es una muestra típica de un texto cuya 'génesis' no acaba de resolver la 'Hipótesis documentaria' de, al menos, cuatro fuentes, ni justifica a Moisés como compilador único de una pretendida ortodoxia, que el mundo rabínico considera -para la totalidad de la Torá- como, directamente, de inspiración divina, a la que también se sube el mundo cristiano y, en parte, el musulmán. En realidad, esa historia de las versiones o la Hipótesis documentaria  recuerda demasiado el actual CORTA Y PEGA. 
La Torá es humana, demasiado humana, no importa que versión, o quizá por ello mismo. En su totalidad se aprecian sus orígenes en  distintas fuentes, autores, tiempo y lugar, No resiste un elemental análisis de texto y, sobre todo, no puede ocultar los préstamos de otras culturas, especialmente del panteón y de la mitología babilonio-sumerias. La infinita sucesión de versiones, traducciones, discusiones, exégesis o contradiciones -tan judaicas, que diría Woody Allen- no hacen más que poner al descubierto esa naturaleza tan humana.
 Pero la fe es, sobre todo, una emoción, y la emociones no atienden a razones...


*   Casi al mismo tiempo se inicia en China el origen de las protoescrituras asiáticas.

** En todo caso, si parecen tener interés las contradicciones entre los citados capítulos 1 y 2, que responderían a la añoranza del mundo perdido -la edad dorada- del Neolítico. La sedentarización 'civilizada' conllevaba las 'injusticias' que propiciaba la nueva vida y la estructura de poder, en sociedad, en los primeros núcleos de población. No era fácil olvidar los valores 'naturales' del nomadismo, en la cercanía de Yahveh, en plena naturaleza pastoril-recolectora.
Contradiciones que recuerdan demasiado la disputa sobre la condición humana, entre los puntos de vista que sostenían Hobbes y Rouseau, a propósito de la raíz del problema: la sociedad o el individuo.



















23 enero, 2016



¿ANTISISTEMAS... O RENEGADOS?

Es un dilema que por actual no deja de ser antiguo. La vieja Iberia fue desde el paleolítico un rompeolas donde se acababan encontrando gentes de las siete cepas -según afirman los antropólogos físicos- de las que descendemos todos los europeos. Las que llegaban por el Mediterráneo, por el Atlántico o por el continente. Quizá ello explique mayor divergencia y, por ende, más enfrentamientos que en otras zonas del continente con poblaciones más homogéneas. Puede que sólo los Balcanes hayan sufrido algo similar. En cualquier caso, desde el final de la edad del Hierro, la Península es teatro de conflictos geopolíticos de una frecuencia inusual en Europa:  "Roma v Cartago", " Guerra civil de Sila v César", "1er intento de desembarco de norteafricanos en tiempos de Adriano", "Invasiones Godo-germánicas", "Invasión de Árabes y norteafricanos", "Enfrentamientos entre religiones, agravados desde desde s. XIV", "3 Guerras civiles en s. XIX" y "1 Guerra civil en s. XX". Seguramente, un curriculum inigualable en toda Europa. Diferentes pueblos o naciones europeos han sufrido conflictos, guerras o invasiones, con más frecuencia que otros, pero es que la vieja Hispania constituye un caso único en Europa: pasar de potencia hegemónica a poco menos que un condominio de sus viejos rivales fraco-británicos.
Tal descenso fue el reverso de una cadena de despropósitos históricos, una especie de inveterada manía de pegarse tiros en el pie: la Monarquía hispánica no atina a resolver el conflicto entre las tres religiones del libro, lo que acaba en las expulsiones que dejaron parte del territorio convertido en auténtico páramo, al tiempo, que la otra parte era, literalmente, arruinada por la política de los Habsburgo ; entretanto Francia -nos cuenta Voltaire, con todo detalle- sale de una auténtica guerra civil religiosa convertida en una potencia exultante. Los palacios del Louvre o Versalles podrían resultar, aun más que excesivos, en los tiempos miserables del Buscón o de los autos de fe. En Britania los enfrentamientos llegaron a costarle el cuello al mismísimo rey, pero entran en el s. XVIII rozagantes, a comerse el mundo; no importó la jornada de don Blas de Lezo, se quedarían igual con el dominio de los mares y del comercio, para  lanzar, consecuentemente, la era industrial. Al final de ese período un rey cabestro y un príncipe felón perdieron la Marina y el Imperio de España; mientras, los gabachos de Bonaparte, en la retirada de Madrid, se podían permitir hasta arrasar la poca industria local -la fabrica de porcelana del Retiro, por ejemplo- para ahorrarse competencia futura. Parecería -más allá de la circunstancia del momento- el enfrentamiento de un ciego con un jugador con buena visión de futuro. Del XIX, mejor ni hablar, del empobrecimiento al despojo final: una piña de enajenados peroraba en la carrera de San Jerónimo, incluso lanzaba bravatas, mientras los yankees acumulaban una potencia militar-industrial que dejaría en pañales al Imperio británico. Ahora es bien conocido que, por el 98, ellos estaban a punto para producir automóviles o líneas de teléfonos, por millones/año, y producciones de acero, electricidad o líneas férreas, que no las rozaríamos, ni siquiera, hasta un siglo más tarde. Pero las bravatas e insensateces, decíamos, en la Carrera de San Jerónimo, casi se oían en Cuba.
Pues bien, con esos antecedentes, una banda de iluminados, o quizá más de una, nos quieren volver donde solíamos. Sí, después de la salida del último episodio negro de esa serie, y de una transición, tenidas por modélica por propios y extraños, nuestros viejos demonios familiares vuelven a aparecer, es como si no hubiésemos aprendido nada ¿Cómo es posible que la indignación de tanta gente sea aprovechada por unos pringaos con dinero sucio venezolano-iraní, o que los antisistemas en Cataluña sólo alcancen a sostener a los hijos putativos o carnales del tan poco honorable Pujol?
Sería una frivolidad que nos saldría carísima: los politólogos de moda que han sido tan listos como para engañar al mismísimo J. Stiglitz, sin  embargo, por carecer, hasta carecen de un programa económico viable o algo que se le parezca. Por eso comenzaron por la desvergüenza de prometer subsidios -que no salarios, o empleos- universales, que alcanzarían el monto, o quizá habría que decir el monte, de la friolera de un cuarto de billón de € ¿Es que se ha vuelto gilipollas este país? ¿Es que sus economistas, que también los tienen -¡Hay que joderse!- y que han ido rebajando la cifra, mientras iban virando para meterse en el caladero de PSOE; también están gilipollas?
No es posible que se olvide que el famoso régimen del 78 fue el período de prosperidad y avance más largo de nuestra historia, y que la llegada de esta piara (en lo intelectual, puede que, por otra parte, sean muy limpios para lo suyo) de insensatos al poder, tendría un efecto devastador sobre la economía española ¿Es que tanta gente indignada no alcanza a ver que la economía a la venezolana, que nos traerían, arruinaría el país para décadas si Europa no lo remediase? ¿Es que la mayoría silenciosa -digámoslo así- vamos a permitir que ellos permitan desmontar España, para que nacionalistas -a lo antisistema, pero burgués- catalanes o de otras layas, construyan su finca en una Unión europea, cuya lógica -eso, de UNIÓN- es totalmente contraria; y que no puede permitir que se abra esa caja de Pandora?
PEDRITO DEBERÍA DE ANDASE CON CUIDADO CON EL LOBO.
Lo suyo, lo personal, después de todo, es lo prescindible.

04 enero, 2016



LOS NUEVOS CATALANES


Son la clase de moda, hoy en día. Según parece, son los sobrinos de 'pijoaparte', que llegaron a la Universidad. Después del fatal período de Montilla y del triste final -político- de los Maragall, el mundo de la barriada se ha hecho, finalmente, mestizo; pero de un mestizaje, más bien, ideológico o de tercera generación: son los nietos de las gentes que llegaron al arrabal después de la guerra, sus padres, ya compraron el piso en décadas de letras, y, ellos crecieron en la cultura de barrio entre el PSC, la UGT y las 'modernas' macrosalas rocieras.
Pero ese mundo que comenzaba, por fin, a golpe de inmersión, a ser bilingüe: se dio de bruces con  la madurez y con la crisis o gran recesión. En realidad, era un mundo bastante alejado de la Puerta del Sol, y aunque también participó de aquella indignación, por el otro costado, estaba al alcance del ojo de lince de Esquerra Republicana de Catalunya. La mentada madurez consistía en que, ya no eran tan diferentes de los catalanes 'pata negra', al menos, de los  de a pie; así que no sólo les abrieron la puerta, sino que les hicieron ver que, como en todas las crisis -además del agit-prop social- la otra salida es coger la escalera o, mejor aún, el ascensor social. Y lo cogieron ¡Vaya si lo cogieron!
El final del tripartito fue la señal: Esquerra, que no había sido precisamente leninista, ni demasiado activista, renovó su dirección y desde los ayuntamientos comenzó a tejer la recluta. La cuerda catalanista del PSC se tornaba nacionalista, las Gelis ya no eran una corriente, eran una especie de caballo de Troya, o de suicidio, del socialismo catalán. Y, así, fueron naciendo organizaciones como SÚMATE: "ENTIDAD INDEPENDENTISTA DE CASTELLANOHABLANTES". (No más de cuatrocientos náufragos y ex-concejales del PSC y vecinos.) Una especie de oxímoron político, pero muy eficaz en romper la dinámica charnegos/nacionalistas. Con ojo de lince, Esquerra, había descubierto la transversalidad, como herramienta, para la recluta de votos y cuadros del otro campo, tratando de conseguir, así, romper el equilibrio alterno entre elecciones autonómicas y legislativas. Y de tal aquelarre fueron saliendo pájaros de cuenta, sin cuento: Gabriel RUFIÁN, ex-empleado que, al parecer, trabajaba en selección de trabajadores -o sea, los listeros de antes, que no daban palo al agua- en Santa Coloma de Gramanet, enseña de la Catalunya metropolitana y, ahora, mestiza. Ese RUFIÁN, consigue, nada menos, que ser cooptado como número uno de la lista de ERC al Congreso y no poca notoriedad mediática e, incluso, social. Para que luego digan que 'Roma no paga traidores'. Los RUFIANES, o los SÚMATE, son gente moderna, sin complejos, se diría ahora, que presume de no tener que hablar catalán en el Ayuntamiento, aunque sí en el Corte Inglés: Listo que es el Junqueras. Así se va trabajando los bocatas de  Sociatas y Convergentes, o lo quede...

Estos días el 'órgano oficioso de prensa nacionalista', publicaba una perla impagable:
-Muchas veces me dicen: es que yo soy español.
-Yo también, yo también. Pero quiero dejar de ser primo...
El 'angelito' que no para de contarla es Eduardo Reyes que, a punto de jubilación, fue empresario de las mayores salas rocieras de Cataluña en Sant Andreu de la Barca. Ahora preside SÚMATE. Pero el que de verdad manda dentro de ese caballo de Troya es 'el Chino', Alcalde de Sant Vicenç dels Horts, protagonista, nada menos, del video: "SENTIRSE ESPAÑOL Y QUERER LA INDEPENDENCIA".
Por si son pocos, aun falta MAE, acrónimo de Miguel Angel Escobar: desde la UGT y PSC, a número uno de los Convergentes en la lista del Senado. 
Hay más, muchos más, pero son un buen botón de muestra de lo que nos dejó la crisis, entre reconversiones, tenencias y alcaldías, recolocaciones y candidaturas. Aunque lo llamen transversalidad, no es otra cosa que el trampantojo tras el que ocultar las vergüenzas de haber renegado, de cambiar de bando. 
'Vendíos' y mala gente. Malos tiempos para Cataluña. El lugar común resulta fácil ¿Qué se fue de aquella Barcelona que vivían García Márquez o Vargas Llosa? ¿Cosmpolíta? Pues no sé yo si... la quieren sacar hasta de Europa. Dicen que son unos cuantos -cuperos- "antilamadrequelosparió": dos bloques de 1515 cada uno ¿Cuántos?