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24 abril, 2016



EL GRAN IMPOSTOR...


... Es el que mucho "finge o engaña con apariencia de verdad".

¿Está ocurriendo? Eso creemos muchos. Por eso producen tanto rechazo las posiciones sobrevenidas de determinado partido político. Sobrevenidas porque que el ADN, el origen, de dicho partido es una mezcla de comunismo leninista rancio -ya un siglo de viejos fracasos-, de impotencia histórica troskista y del viejo e irredento anarquismo -antisistema- ibérico: 'Casi ná'.
ADN o naturaleza, al que ahora sobreponen un disfraz socialdemócrata: una especie de traje de camuflaje. El 'Gran Dictador', perdón, 'el Gran Impostor' queríamos decir, algo enterado en la truculencia política, sabe que en un país de la Unión Europea no puede descarar tales creencias originales, ni las prácticas del populismo venezolano con el que tantos lazos fraternos les une. Esa es una de las pocas cosas que saben bien. Lo cual, además, dejaría al descubierto la bolita del trile, por más que algún cátedro en economía, juezas alguaciladas o ilustres figurones, ejerzan -no sé si a su pesar- de tristes paleros*. Por eso se ponen el buzo socialdemócrata. Han entendido que es el disfraz necesario para entrar en casa ajena (la  de los socialistas, por si alguien no lo ha entendido claro) y quedársela o, al menos, desvalijarla: Tal que genios o doctores en políticas. El Gran Impostor, al menos, así lo cree. Si los de los otros tres palos andan a lo suyo: él, muy transversal, a lo que pille y donde pille ¿O no cuadra eso con el juego del trile?
Cinco millones. Más o menos: ese es el número de españolitos, tan cabreados o indignados, que no quieren ver, ni saber y, menos aun, recordar LA PEOR HISTORIA, aquella que siempre acababa mal, que decía el poeta Gil de Viedma. Recurrentemente, así nos hemos comportado durante los últimos tres o cuatro siglos, hasta acabar, poco menos, que como los apestados de Europa y en cuarentena en las Naciones Unidas a mediados del siglo pasado. Conviene no olvidarlo.
Esos cinco millones tienen todo el derecho a estar indignados y más, todavía. Tienen también derecho a perseguir una utopía, aunque estas suelan acabar en 'Un mundo feliz'. Pero, quienes somos más del 80%, tenemos, también, derecho a recordarles en primer lugar, que no vale todo, que es mendaz usarse de la buena fe de la gente a base de un populismo desvergonzado, que cambia de programa político o electoral una y dos veces por año o temporada, cuantas elecciones haga falta. Que su afán por darse al entrismo -canibalismo, en este caso- a cuenta de otros partidos, es absolutamente indecente. Puede que, todavía, sus cinco millones no lo quieran ver, pero lo verán. España no es Venezuela, afortunadamente los Pirineos -a tales efectos-ya no cuentan, y si ocurriera lo inconcebible, resultaría imposible que unos jueces venales invalidaran los resultados tan mayoritarios de unas elecciones. Sí, por eso miran a otra parte cada vez que se les pregunta por Venezuela o, ya forzados, responden con la boca chica.
El 'pobrecito escribidor', no olvida la aparición de ese populismo, ni el vaticinio de que, a fuer de izquierdismo, acabarían rompiendo la izquierda, seguramente en provecho de...
Tal populismo, que incluso llegan a celebrar, ha conseguido hacer de Venezuela un país inviable; hoy mantiene a Grecia en el limbo; en Brasil alcanza a más de un 50% de las Cámaras, donde un clase absolutamente corrupta juega alegremente a los golpes de estado; incluso en Gran Bretaña trata de confundir a sus nacionales con las consecuencias de la salida de la Unión Europea. De manera, que debe de tener toda la lógica que aquí, ese populismo, produzca -¿Interesadamente?-  semejante ceguera, como para no ver que el "inexistente" derecho de autodeterminación no puede ser café para todos -porque, calculan, da votos- cuando el mismísimo Obama no duda en venir a recordarnos que hay que sumar, que los que se separen o rompan, a la cola, a volver a negociar tratados y a perder renta. 
Algunos -de ese 80%- pensamos que hay una relación clara entre los ensueños del 'Gran Dictador', bueno, o Gran Impostor, y las consecuencias del desbarajuste provocado desde centro hasta la izquierda política, alimentando toda clase de imposibles, como los multiplicadores fiscales que, en realidad, pueden convertirse en multiplicadores negativos en la 'nueva' economía ; o los referendos de autodeterminación como café para todos y ¡Viva la Taifa!; por no decir que, mientras, el 'pequeño Gran Dictador' atrae la atención de los medios y de sus reiterados cinco millones de apoyos, el señor Obama, que dudosamente nos habría invitado a su encuentro con las otras cuatro grandes economías europeas, vista la inestabilidad electoral, pues... que tampoco nos invita. 

Nunca dudamos de las razones de esos cinco millones de ciudadanos para estar, incluso, bastante más que indignados. Pero nos resistimos a que la HISTORIA VUELVA A ACABAR MAL, a volver al tiro en el pie, a que cinco millones de ciudadanos quieran desconocer nuestra historia, a que una banda de trileros -las direcciones de Podemos- sigan engañando con una bolita que fue un fracaso, en todos los intentos, durante ya más de cien años. Así que YO TAMBIÉN ESTOY MÁS QUE INDIGNADO, PERO NO QUIERO VOLVER A REPETIR ESA PEOR HISTORIA.
SÓLO QUIERO QUE MI PAÍS SE ACERQUE AL NORTE DE LOS PIRINEOS, QUE NO A OTROS DESASTRES QUE TODOS BIEN CONOCEMOS. AUNQUE DESAIRE A LOS TRILEROS.




* Ganchos que hacen el papel de aparentes ganadores para atraer a los incautos. Tan viejos, que el mundo mediterráneo los conoce, entre trileros, hace más de dos milenios.

15 abril, 2016



EL SENTIMIENTO REPUBLICANO

 -Dedicado a Mafalda y las ilusionadas juventudes republicanas-

'Sentir' y 'sentimiento', en el DRAE y en otros diccionarios, aparecen con un recorrido semántico bastante largo, pues refieren a una de las actividades anímicas, quizá la más común, y de la que tomaríamos las dos notas básicas de su definición. Sentir: "Experimentar sensaciones"; y Sentimiento: "Impresiones que causan en el alma las cosas espirituales, (característica humana opuesta a la razón)". Profundizando sólo un poco más, hoy, la neurociencia añadiría que 'sentimiento' es la 'toma de conciencia' que sigue, inmediatamente, al desencadenamiento de nuestras emociones básicas -al nivel más físico- en los hechos de la vida cotidiana. En 'román paladino', los acontecimientos, primero, nos remueven 'las tripas' en una especie de respuesta refleja e inconsciente: las emociones. Después, ya somos conscientes de ese sentimiento de respuesta que puede ser miedo, afecto, ira, agresividad, etc. Cabría añadir que la primera parte del proceso es reflejo o, literalmente automático, y que la segunda, en la medida que aflora a la conciencia, o que está a tiro de la razón, es medianamente -aunque bastante difícil- negociable. Esto es lo que hay, por ahora.
Ese -así definido- sentimiento, hoy en día, en la esfera de lo político, parece estar sufriendo un desborde, una inundación popular: En la última década, y a lomos de la última y tremenda crisis social, consecuencia de la económica y de empleo, hemos visto cómo crecía la presencia en la calle -en manifestaciones y todo tipo de contubernios- de la 'Tricolor' como expresión de tal sentimiento. Mi generación se la iba pasando -en medio de la bulla- a las siguientes. Esa generación que había renunciado -con dolor- a 'su' bandera, ahora la veía aparecer medio de tapadillo, entre alharacas, antisistemas y antiguos anarcos o troskos. Sí, y también entre viejos, no sé, si conmilitones o comunistones irrendentos, que tan viejos o más que yo, pareciera que cien años de historia no habían pasado por ellos: seguían queriendo 'ejecutar' una revolución de los 'Soviets'. Y tampoco les iba a importar si la muchachada le ponía música caribeña o venezolana.
Pero las cosas, los avatares humanos, nunca son así de sencillos. Porque los últimos cuarenta años, en puridad, no sólo han sido una monarquía constitucional, sino el periodo de crecimiento material -y en todos los sentidos, habría que añadir- más largo y fecundo de nuestros últimos cientos de años de historia. Y ¡Qué coño! además, en el fondo, lo que hemos sido es una 'República coronada'. ¡Ah! que con tantas urgencias de dulce moqueta, estos chicos: politólogos, indignados o yo qué sé, no se habían enterado... Pues, en esos cuarenta años, descubrimos que manteniendo algo parecido al consenso, los españolitos -a pesar de un atraso ya histórico-, conseguíamos eficiencias diversas, nada diferentes de nuestros famosos países de referencia en Europa. Nos instalamos -casi- en una especie de Ínsula Barataria, pero sin ensueño... y esta vez real. Pero a la contra del buen Sancho, la costumbre de la miseria histórica nos había dejado la impaciencia crónica: los nietos más perjudicados de aquel abuelo carcamal y tirano, se agarraban demasiado tiempo a la poltrona, al decir de los otro nietos más legítimos. Y así, el antes desconocido consenso se fue evaporando por las tentaciones nuevas del poder, a que unos estaban sometidos; y por la urgencias -que trae el alejamiento de ese poder- de los otros. Lo que hay que reconocer, liquidado tal consenso -y no queremos mentar el gran desengaño de José Mari Áznar en el 93-, es que, en realidad, más que al viejo 'Turno' a lo que nos acercamos ahora, es a la normalidad europea, donde se cuecen no pocas habas...
Excurso, este, que debería servir para que la alegre muchachada -bueno, el Monerdero se ponga las pintas que se ponga, es casi de mi quinta- recordara aquí la cosecha de calabazas que recibió de los chicos de Felipe, que no se fiaron de él, del Monedero digo, a pesar de la versatilidad -ya entonces- de sus principios 'grouchomarxianos': o sea, le vale lo mismo 'dentro' que 'fuera'... del  'Sistema', o de la OTAN, claro. "Pero hoy como entonces sigue sin valer todo". Lo que, al final del excurso, nos lleva al asunto que de verdad importa: su odiado 'Régimen del 78'. lo que es, en realidad, es republicano; un poquito más o menos coronado, pero republicano: La legislación entera, la división de poderes, la práctica política, las elecciones periódicas, las libertades, etc: no son diferentes, en todo lo sustancial de las Repúblicas europeas de nuestro famoso entorno. Asi que, no es ahí donde está la diferencia, no. Lo diferente fue nuestra historia, el mundo espiritual, la miseria moral y material, la incuria, el fanatismo y... su consecuencia: la quijada de Caín, tan a mano. No es que lo hayamos inventado todo, solitos; los otros europeos, de vez en cuando, llevan lo suyo; pero es que nuestra historia... pues como dijo Gil de Viedma:

DE TODAS LAS HISTORIAS DE LA HISTORIA
SIN DUDA LA MÁS TRISTE ES LA DE ESPAÑA,
PORQUE TERMINA MAL...
(Sí, ya lo hemos contado aquí, pero no nos cansaremos...)

De manera que vendidos, o no, no son estos propagandistas lo que nos hace falta, no. Su conseja es demasiado vieja, la hemos oído tantas veces... El régimen envejeció como lo hace todo en la vida, pero lo que más necesita, sobre todo, es que no le caiga encima una plaga de sanguijuelas o parásitos, que con los procedimientos soviéticos, anarcos, troskistas o mágico-caribeños acabaría dejándole tan en 'puribus' como a las pobres gentes que padecen* al tan insensato inMaduro. Qué error país tan tremendo, el que señalaba Gil de Viezma, para que visto lo acontecido en este país en el último siglo, semejantes orates conciten el apoyo de algún millón de ciudadanos, algún catedrático incluido... debe de ser el mismo país donde algún Rufián de rancio -que no bueno- abolengo español, apoya, sin melindre público, construir Cataluña, con españoles, contra España...
 ¿EL PAÍS DEL ¡VIVAN LAS CAENAS!, DEL TIRO EN EL PIE... ?

No: definitivamente, no se trata de la fiesta de la banderita o de una especie de folía o feria callejera. No es posible ignorar que salvo el añadido -coronado- simbólico, que en todo caso, lo que debe aportar es más estabilidad que lo contrario, nuestra constitución es al menos tan republicana como la que más. Esa no es, pues, la cuestión. Que sí lo es el tremendo, cuando no frívolo, desconocimiento de nuestra historia republicana. ¿Conocen los de la banderita, esa más que dramática historia republicana y lo que representó en el último siglo y medio?
Dejando a un lado la erudición foránea de los hispanistas -además, excesiva para este espacio-, una somera mirada a las obras-testimonio de Arturo Barea o Max Aub, entre tantos otros, debería acercar a tanto ingenuo la realidad, las tripas, las miserias, de la segunda República. Allá los franquistas con su memoria y su conciencia, pero los que se reclamen republicanos, no pueden no saber lo que ocurrió en los intestinos del bando republicano, desde la guerras civiles dentro del propio bando, con Maurín y su POUM en Barcelona en el 37, o con Coronel Casado en Madrid en el último mes de la Guerra: las traiciones, el fuego amigo, las insidias, las delaciones que tan claro contó Barea, y... finalmente, el horror indescriptible, pero relatado por Max Aub, de los 'últimos días', intentando salir , pero atrapados en el puerto de Alicante. Es menester conocer -entre otros- ese dobladillo del alma de nuestra historia republicana, antes de confundirla con ir a la fiesta de las banderitas, en cualquier calle de esta España que ya no tiene nada que ver... salvo el interés de 'algunos'... 
PORQUE DESCONOCER LA PROPIA HISTORIA, ES ESTAR CONDENADOS A REPETIRLA...



* Tras su prédica, tales 'neorepublicanos', en realidad, ocultan que en su modelo chavista no hay división de poderes: el ejecutivo, el Gobierno, invade al poder legislativo, anulando al Parlamento. No se respetan las libertades: se encarcela alegremente a la oposición o se enajenan los medios de comunicación. Y no hay libertad de elección: el Gobierno quita o pone a su antojo a los representantes electos. En realidad, nuestros aprendices de brujos evitan condenar tales prácticas, porque en el fondo son su modelo, su proyecto para alcanzar la hegemonía ¿gramsciana?, cosa que nunca negaron.

09 marzo, 2016



HOY EN DÍA...


...ocurren cosas que han ocurrido siempre.
Y, hoy en día, algunos tratan de convencernos con un nuevo adanismo, o sea: estamos poniendo el mundo... somos los primeros, lo acabamos de inventar, etc. Hemos replicado reiteradamente en este Blog, que, bien al contrario: nada nuevo bajo el sol.
Aquel 15-M se manifestó el la Puerta del Sol toda la indignación que provocaba una de las crisis más desesperantemente largas del capitalismo -no tan eficiente- en nuestro país: demasiada gente estaba sintiendo, a la vez, una arcada, un sentimiento de rechazo, por momentos, insoportable. Que, como los nubarrones de la tormenta, acabó por descargar, haciéndolo en el lugar -el escaparate- más visiblemente mediático de las celebraciones de la tribu. Al lado del famoso reloj que nos da los años.
Hoy... casi cinco después, la vieja piel de toro sufre la misma sarna, ya más antigua que el tiempo de nuestros abuelos: Este 'pobrecito escribidor' descreyó, desde su aparición, de los nuevos salvapatrias -les vio las orejas-, conocía de antiguo su bálsamo de Fierabrás: repetían la vieja conseja de anteriores buhoneros, aunque el enfermo siga sin remedio. Pero ayer en el diario -El País: "Espantajo"-, Félix de Azúa tuvo la oportunidad de alcanzarnos el espejo. Y su relato nos acercó una vieja, pero certera, imagen de la España más cainita: nos la devolvía desde el espejo de Don Manuel Azaña -así, con Don-. En 1939, Azaña -ya exilado-, en los meses anteriores a su muerte, nos deja un texto a modo de testamento y última mirada histórica: "Causas de la guerra de España", que habría que subtitular como 'Último episodio de una guerra secular'.
Es el relato de un hombre -el más lúcido y capaz, políticamente, de su generación- descalabrado y exhausto, que moriría poco después. Y al que la Francia fascista no permitió enterrar con su bandera republicana, siendo amparado por la de Nueva España: México. Ese entierro trágico, como el de Benjamin o Machado, allí, entonces, sólo mereció olvido: Ni piedad, ni admiración, nos recuerda Azúa.
Ese texto tardó más de sesenta años en difundirse en España, y, efectivamente, es como un espejo: nos pone ante nosotros mismos, devolviéndonos la imagen de nuestros peores demonios familiares, nuestro cainismo canibal, que amenaza con volver como las riadas inesperadas de los cauces secos, de los que olvidamos el peligro, pero que traerán -en avalancha- una destrucción que no imaginamos. Acaba, Azúa, esa visión desesperada, con el frotarse las manos de los mercaderes del odio.
Puede que sean odiosos, pero lo que no está tan claro es que sepan con qué negocian.
Si quisieran saber, si la ambición de poder, -su descaro y su osadía- no les cegase, quizá descubrieran qué caro resultará ignorar las reflexiones de Azaña en ese texto: cómo* "Cataluña se pasa, a mediados del S. XVII, al bando del Borbón, Luis XIII, contra la propia España. En el s. XVIII al Austracista contra el Borbón. Y en el XIX, al carlista". Lo cual, es una 'rauxa' nada privativa de Cataluña, pero que Azaña, no deja de resaltar -seguramente por la importancia de Cataluña para España- cómo "... la obra homicida, dentro del bando republicano... so capa de destruir el fascismo... causó estragos, en su defensa... tropas movilizadas y enviadas a Barcelona, no pudieron pasar la raya de Cataluña, impedidas por unidades locales, republicanas... " (Ahora -el nacionalismo- lo cuenta como una guerra de España contra Cataluña). Pero, seguramente: "...el desatino mayor de esa contienda tiene lugar en la primavera de 1937, cumplido ya un año, persistía la huelga de la Construcción, sostenida por la CNT, con epicentro en Barcelona, mientras, se la celebraba en Madrid como hecho venturoso que: había tenido el mérito de acelerar el Alzamiento (!)... Populismo de fusil en bandolera, apariencia alegre, jolgorio... burgueses que se disfrazaban, bastante mal, de proletarios y... líderes que recomiendan aprovisionarse de las vacas o terneros encontradas al azar... ya pagará el Estado... " (Seguramente constituye antecedente próximo del movimiento OCUPA, que ha llevado a las Colau a alcaldías como la de Barcelona).
El discurso entero de Azaña está atravesado por la denuncia del efecto deletéreo que el populismo -lo popular-, mal entendido, causó: "destruyendo la capacidad, la eficacia de la defensa de la República.... Llegaron a publicarse anuncios en la prensa de Barcelona como: 'Empresa colectivizada desea socio capitalista'. A lo que Azaña replica con ironía: -No es verosímil que lo encontrara-". Claro: es como lo de poner a la raposa a cuidar a las gallinas, pero expresa muy bien la 'locura', es decir, la pérdida del sentido de la realidad de aquel momento. Y de este, añadiríamos: no vamos aprendido nada.
Don Manuel apuntó con dedo firme: "... el catalán se conservó como lengua usual, ya que no como lengua literaria; o sea, culta. La 'buena sociedad' catalana, de entonces, usaba el castellano a la perfección; era el pueblo rural el impermeable al castellano... Fue el clero, quien sostuvo la necesidad de hablar a los fieles en lengua vernácula"... y, clérigos, fueron algunos de los trabucaires más destacados Tal que los curas Santa Cruz, en 'la carlistada', de las provincias vascongadas. "Subsistir las diferencias lingüísticas, significó que la obra de asimilación había fracasado por la base. -Se estima, sin embargo, que su éxito en Francia, marcó una diferencia en la cohesión/país-. El Gobierno autónomo instituyó rápidamente 'el Ministerio de la Guerra', y puso al frente a un militar profesional que... sustituyó -presto- por un obrero tonelero: los resultados militares, en consonancia, no se hicieron esperar. En mayo del 37, en plena revuelta sindical -libertario troskista-: las ametralladoras, las bombas, los carros blindados sembraban la muerte -por fuego amigo- en las calles de Barcelona... llegaron a asesinar en plena calle a uno de los ministros que se dirigía a tomar posesión en el nuevo Gobierno catalán... Ha sido creado el Ejercito catalán... para fracasar en la expedición sobre Mallorca, o concluir con un descalabro las operaciones sobre Huesca, cayendo en la absoluta inacción el frente de todo el Pirineo catalán... en 'La Vanguardia', a propósito de tal inactividad, apareció la palabra traición: Sofocado el alzamiento dentro de sus fronteras, Cataluña, había ganado SU guerra, había cumplido. 'Que hagan en todas partes lo mismo' decía un Ministro catalán.
Azaña apreciaba que: "en el ambiente político e intelectual catalán flotaba la impresión de fracaso: 'Ni separación, ni asimilación', la herida seguía -y sigue, hoy- abierta, era injusto desoír a los catalanes y urgía la solución realista, dejando a salvo comprometer la unidad". De ahí salió la Autonomía de Cataluña, votada por la República. Y no, de algún ensueño medieval o merovingio.
Empero, recalcitrantes e impermeables a la 'empeiría**, que decía aquel', la costumbre del tiro en el pie se hizo inveterada: lo peor de ese nacional-populismo cabalga de nuevo, vuelven los náufragos del cainismo vasco, y el catalán nos envía 'rufianes' -charnegos- a los leones que, desgraciadamente, son sólo de bronce. Y para que no falte de nada -al olor del perro flaco, de la oportunidad-, el otro despropósito populista: el gurú de los antisistemas -a eso venían- ¿no? El Doctor en Economía, Nacho Álvarez Peralta, en el programa podemita, no sabemos, si económico o mutante, se atreve a cuadrar (!) unas cuentas que necesitarían un crecimiento bastante por encima de la década prodigiosa del ladrillo; que presumen que Bruselas haga oídos sordos a las veleidades de estar o no estar en el Euro, pagar o no pagar la deuda, pero, a la vez, sea flexible con la reducción del déficit; que queremos ser como Syriza, pero a veces no; que los vientos de cola del petróleo abasto, el ciclo expansivo y el dinero barato, seguirán como si no hubiese bastantes nubarrones en el panorama internacional; que un presupuesto, como es debido, no parte de un objetivo final deseado, pero con unos ingresos que ya veremos; que la expansión alimente la recaudación fiscal, eso sí, enmascarándola como gran estímulo de la economía o efecto 'multiplicador', pero sin contar que, otros doctores en economía, avisan que los 'multiplicadores fiscales' -según la coyuntura- también pueden ser negativos.
Pensamos que la 'indignación' tiene bastante de emoción, antes de ser sentimiento consciente; que es bastante visceral, vamos. Es la única explicación imaginable para que, expertos de lo que sea, se comporten como 'talibanes' de la idea: en este caso del 'no nos representan', 'acabar con el Régimen -Sistema- del 78', etc. Pues esa es la base de una renuncia al juicio crítico, de lo que sea: manda el sentimiento de identificación con la secta, es demasiado antiguo para no reconocerlo. Es la vieja enemiga de Don Manuel, cuidémonos, pues, de su factura.
Exactamente, quiere decirse: que ese proceder -nacional- , es lo que nos diferenció de Francia o Inglaterra, de su suerte histórica: hablamos de su relación con las causas de la pobreza, de las épocas de miseria -moral y material-, de hambrunas, de ignorancia, de subdesarrollo histórico, de fanatismos ¿Está bastante claro? Alguien, tan lúcido, que determinó el pensamiento político moderno, como Hobbes, contaba: "... el miedo y yo nacimos gemelos"; su nacimiento fue prematuro, se adelantó debido al clima de terror que infundía la llegada de la Armada Invencible. De tan alto, hemos caído.
ESE RÉGIMEN QUE AHORA TRATAN DE CLAUSURAR, HABÍA IDO DEJANDO ATRÁS ESOS, NUESTROS, VIEJOS DEMONIOS FAMILIARES.
* El 'pobrecito escribidor' ha insistido en el tema en este Blog...
** Memoria de las experiencias. 

03 marzo, 2016



BARUCH y 7


Epilogo, pero no lo último...

Hoy, cuando la vieja Europa parece olvidar su 'Mundo de ayer'*, ya han transcurrido cerca de cinco milenios desde que las primeras civilizaciones del oriente mediterráneo comenzaron a enviar a sus navegantes a las costas de Almería en busca del mineral de cobre. Unos mil años más tarde, la cultura minoica (Creta) comienza a usar la primera escritura -lineal A-, no muy diferente a la egipcia, y, otro milenio después, se produce la entrada de Iberia en la Historia: Gadir o Cádiz, según parece, la ciudad más vieja de esta Europa. Es posible, que Spengler sí tuviera algo de razón: ese sol, que se ocultaba durante toda la antigüedad, tras las columnas del estrecho de Gadir, y, que ya no se ponía desde la Monarquía hispánica de Felipe II, finamente, acabará poniéndose para el ciclo cultural e histórico que Europa representó en el mundo.
En  esta serie de artículos hemos tratado de echar una mirada a las distintas tradiciones, que a lo largo de ese ciclo buscaron respuestas, y, hasta bien entrado el s. XX, hemos visto que -exceptuado Lucrecio, entre los grandes-, hasta llegar a las últimas formulaciones dualistas, ha prevalecido el animismo: el misterio del espíritu de las cosas -aquí, habría que decir de los entes o entidades, para distinguir de lo inerte, lo mineral- sobrevivió milenios; ese algo misterioso -ese alma- que insufla vida y que resulta distinto de la materia que se corrompe, hasta integrarse y desaparecer en el ciclo del eterno retorno.
Así, hemos visto las querellas entre las grandes religiones o concepciones dualistas (De materia y mente, como principios de diferente naturaleza)
Y aunque esas respuestas fueron sacralizadas -aun a costa de la inverosímil cantidad de vidas, relatada aquí-, en el mundo greco romano, en el primer medievo islámico o en el oriente asiático: la sospecha, o más aun, del principio único de realidad, no cejó, hasta acabar siendo una revelación luminosa. También hemos contado, como es en Europa, a partir del Renacimiento, donde se produce la ruptura con ese dualismo: desde Voltaire, Baruch o -en cierto modo- Huarte de San Juan, hasta Einstein, Dawkings, Bunge, Crick, o nuestro Bueno. Se rasga, así, la oscuridad, el embrujo del país de nunca jamás y se hace la luz: LA ILUSTRACIÓN. Después de todo, el mundo feérico, las hadas, la brujería o la superstición, no eran más que una pervivencia popular de las primeras formas del mito.
Ahora, para ir cerrando esta serie, tomaremos prestada la visión de J. Monod: "El progreso científico de los últimos cuatro siglos rompe esa relación dual del hombre con la totalidad del universo -la Naturaleza-, y con esa concepción milenaria de sí mismo, hasta producir ese mal del alma que es la angustia existencial, ante una soledad nueva. Desde entonces, la objetividad de la naturaleza o verdad del conocimiento, sólo pueden proceder de la confrontación sistemática entre la lógica y la experiencia, cuyos resultados -añadiríamos- no pueden ser diferentes para cada religión, cada tiempo o cada doxa".
Esa, necesaria, objetivación se expresa en la teoría del materialismo histórico, desde Hegel hasta los desarrollos marxistas, incluyendo el materialismo dialéctico, que exigen la interpretación tanto de la historia humana, como la del cosmos, con las mismas leyes. Gustavo Bueno busca cerrar, de ese modo, las distintas categorías del conocimiento, y Mario Bunge formular un monismo pluralista o varios niveles de organización de la realidad, toda ella material, desde el nivel físico, el químico, el biológico, el psíquico, el social e incluso, el tecnológico.
Pero en la práctica, esa concepción materialista, aun dialéctica, no cierra el problema de forma definitiva: Tantos milenios para que se afirme en el mundo de las ideas, que el conocimiento objetivo es la ÚNICA fuente de la VERDAD genuina, no acaban de resolver algo tan humano como la resistencia a la NECESARIA aceptación de separar las fuentes del CONOCIMIENTO de las de los VALORES (Los de nuestra ética subjetiva o los de...  aquel otro modelo cultural). De ese modo, la cuestión sigue en nuestras sociedades sin conciliar la teoría con la realidad: Las sociedades 'liberales' occidentales siguen enseñando, a pesar del exponencial desarrollo científico-técnico, una moralina judeo-cristiana, mezcla de progresismo cientificista con los valores naturales, y, todo ello, envuelto en utilitarismo pragmático; lo cual no hace más que mantener la pervivencia de la vieja alianza entre los valores morales o del espíritu y el mundo material o de la naturaleza. En el otro lado, las sociedades nominalmente 'marxistas', profesan, una especie de religión que se pretende dialéctica, pero que, en realidad, está presa de una rigidez dogmática, que sigue sin acabar de superar la confusión -dualista, en suma- entre la categoría de los valores (de una ética socialista) y la del conocimiento; lo que las aboca al reiterado fracaso histórico.
De modo, que no fue suficiente formular la intención de una 'praxis' que interactuase con el conocimiento; faltó la capacidad de esa interactuación entre la 'verdad objetiva, científica' y la 'teoría de los valores'; pues el 'conocimiento verdadero' ha de sostenerse, en último término, en postulados de 'orden ético' para alcanzar una ÉTICA DEL CONOCIMIENTO, única guía posible para la evolución humana, conciliando la doble naturaleza de la pertenencia al mundo material  y al de las ideas**; que permita enfrentarse a esa angustia que expresan el arte, la poesía o el amor humanos.

Y, por último: nombramos esta serie de pequeños artículos con el, original, de Spinoza; a modo de intencionado homenaje a una de las llamas más potentes entre las que encendieron la ilustración -en otras lenguas el término está mas cerca al de iluminación, o de iluminar-: Baruch, que se adelantó a ese fogonazo, con su concepción -de lo humano- alcanzó una rara coincidencia con la de la neurobiología moderna, al decir del Neurocientífico Antonio Damasio, Premio Príncipe de Asturias 2005, en Investigación Científica.
Spinoza, educado en español, a pesar de la emigración familiar -habría que decir, en realidad, exilio del primer nacional catolicismo español-, fue la Razón filosófica: sólo treinta y tantos años posterior a Descartes: es ya radicalmente moderno, de hecho, es el verdadero padre del racionalismo. Su obra*** sigue vigente, por completo, dirán hoy sus colegas Deleuze o Albiac. Sin embargo, en su tiempo, fue calificada como forjada en el infierno. Provocó el rechazo, tanto de judíos o católicos, como de calvinistas o luteranos.
Su propósito principal fue introducir la razón en la moral religiosa. En su ÉTICA, more geométrico -con la precisión abstracta de lineas, planos, etc.-, pretende sustituir los criterios morales -la ética subjetiva- por las 'necesarias' leyes que rigen el cosmos (Ni más, ni menos, que contábamos más arriba de Bueno o de Bunge). Lo que le convierte en el primer precedente de la ÉTICA DEL CONOCIMIENTO, al afirmar, en medio del s. XVII, frente al -más que peligroso- rigorismo religioso, que: los valores son creaciones humanas, por tanto, pueden ser arbitrarios. Y puesto que la Naturaleza -el mundo existente- está determinada por la necesidad (la causalidad, no los milagros o lo sobrenatural), entonces será expuesta en orden geométrico (el método científico, racional). Pero esa necesidad no requiere, no implica 'finalidad': Existe el 'principio eficiente' (causa, origen), mas no la 'causa final', o una finalidad... de que las cosas acontezcan para algo (Ahí radica su agnosticismo de hecho, su ruptura con lo que es sólo un juego de la imaginación). Consecuentemente se declara monista, esto es: no cree en la dualidad cuerpo-alma, después de todo, su determinismo, ante el problema del libre albedrío, no deja de ser muy diferente al de la idea actual de "condicionados, ante la libertad". Entiende, así, que debe de prevalecer la separación entre el orden religioso y el político, evitando, de ese modo, la injerencia religiosa; de lo que se sigue, además, la necesaria subordinación del orden religioso al político. De otro modo, concluye, viviríamos en estado de 'naturaleza', donde no existen, no se sancionan, el bien y el mal; es decir, no hay sociedad.

Su TRATADO y la ÉTICA exceden en mucho la realidad de este Blog, pero vale la pena dejar algunas de sus reflexiones: El anhelo -conatus- es lo que nos impele a la búsqueda de la claridad del sentido existencial, a actuar frente a la realidad de nuestra naturaleza, a mantenernos frente a la adversidad y frente a la muerte misma, a liberarnos de la oscuridad.
Para Baruch, la salud es la convicción y la gran suerte de estar vivos. La salvación -desde la plenitud de vivir- es asumir el destino y acomodase a la intuición -cierta- del deterioro físico, del daño mental y de la muerte. De ese modo, algunos individuos son capaces de la renuncia al relato escatológico, al más allá: No hay castigo, no hay recompensa, no se trata de complacer a no se sabe que 'entidad'. NO, se trata de actuar conforme a la Naturaleza, a nuestra naturaleza. Y esa es nuestra plenitud, la 'salus' o la felicidad posible. La libertad, entonces, estará en el poder de la mente  sobre el proceso que desencadena las emociones y los sentimientos, en asumir, así, la eternidad del Universo físico -la Naturaleza-, que no la perspectiva de la inmortalidad propia. El milagro que Baruch llamaba "amor intelectualis Dei", y que hoy llamaríamos AMOR RACIONAL A LA VIDA, a esa Naturaleza de la que formamos parte, es el milagro irrepetible de estar vivos.
El sentimiento cósmico -expresado por Einstein-, sería el entusiasmo por esa vida, ya que la razón nos hace conscientes de que sólo somos subjetividad individual en la soledad del misterio del Universo.


BARUCH FUE EXPULSADO  POR UN CHEREM, QUE LE REDUJO A LA SEPARACIÓN  DE SU COMUNIDAD JUDÍA Y AL OSTRACISMO CÍVIL EN HOLANDA.   ESPAÑA, LE IGNORÓ COMO PORTUGUÉS Y HEREJE, PERDIENDO AL PRIMER  CIENTÍFICO  Y RACIONALISTA MODERNO, MÁS QUE DESCARTES, GALILEO O HOBBES.
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*  Lugar común, y título del admirable  relato -ya citado- de Stefan Zweig, sobre el mundo europeo, entre el cenit imperial victoriano y el esplendor de la cultura centroeuropea, en que creció inmerso el mismo Zweig.

** El pobrecito escribidor resigna la dificultad de hallar otro lenguaje que exprese con más claridad tales aparentes galimatías.

*** Fundamenta la Filosofía moderna, superando con claridad al -más famoso- método cartesiano. Su matriz filosófica hace honor al 'more geométrico':
La Naturaleza está constituida por una sola Sustancia, la misma y de todas las cosas (Monismo. La moderna teoría de las cuerdas estaría completamente de acuerdo), divina e infinita: 'Deus sive Natura'. O el todo, la Naturaleza, es Dios (Superando, así, el dualismo cartesiano: mente/cosas materiales).

La Sustancia no es inerte. Baruch incorpora el movimiento (A diferencia de la Escolástica).

La infinita Sustancia (Tiene la piedad de llamarla Dios), tiene finitos modos (de ser), contenidos en su Atributo: Extensión. Los Atributos son infinitos.

Todos los Objetos físicos son los modos de ese Dios contenidos en el Atributo Extensión... de la misma manera que...
Todas las Ideas son los modos de ese Dios, contenidos en el Atributo Pensamiento.

Dios es la Naturaleza naturante (Creadora, productora)
Las  Cosas finitas Son Naturaleza naturada (Creada, producida)











27 febrero, 2016



CUDILLERO EN LA MEMORIA y 2



Publicado en EL BALUARTE (Asociación de Amigos de Cudillero)

...Acabado el parvulario, y no sin cierta aprehensión de mi ma, me mandaron a la Escuela de la Rula, pomposamente denominada de ‘Orientación náutico pesquera’, y… aquello era la Isla del tesoro, el Capitán Trueno o el Oeste americano, todo en uno. Era el auténtico país de nunca jamás: aquellos guajes hacían honor a la leyenda de descendientes de vikingos…
Alejado ya de la puerta de casa, se abría como un mundo fabuloso, en una geografía casi inabarcable para mis siete u ocho años: en un altillo de la propia escuela -ya beneficiado aquel queso, amarillo oxidado, empaquetado en botes cilíndricos de lata- yacían, como un relicto de la ayuda yankee, unos bidones de cartón anillado, casi llenos aún de leche en polvo, ya semicristalizada por la humedad y que, no muy apreciada, utilizábamos como los más fantásticos proyectiles –cuyos impactos se deshacían en una nube de polvo blanco- que, líbrenos Dios, si al azar alcanzaban a “Colorín”, el rulero, a Cruz “La Carmencha” o a Esther “La Franxona”, pues, acabarían poco menos que en un conflicto de orden público. Es curioso, en aquella España, cuando las invernadas de ir a la tienda de fiao, aquellos rapacinos –no sabría muy bien por qué-, nos subíamos a pesarnos, continuamente, en aquellas básculas de pantalla circular que, a modo de custodios, flanqueaban la arcada de acceso a la sala de subastas de la rula. Entonces ignoraba que la pugna por instalarlas –para sustituir el pesaje de la pesca en las propias de las fábricas- pudiese haber costado tan caro, en los turbulentos años republicanos que siguieron a su aparición. La explanada de la Rula, entonces –antes del calentamiento global y de la sobreexplotación- rebosaba de fabulosas cantidades de merluza del pincho, de palometa, de besugo o de congrios enormes y desventrados, amontonados directamente en el suelo. Podía ocurrir que, en medio de la letanía de “Colorín”, por entre las pescaderas, aparecieran los ladridos del Bobby, perseguido por Manolito y el resto de la tropa detrás. Vivíamos, desaforados y ávidos, las aventuras de Robinson Crusoe o del pirata Morgan –¿no decían que Cudillero fue un nido de piratas?-: el casco viejo del “San Pedro” -varado a la vuelta de la caseta del cable de sebordar, que tan providencialmente manejaba José Antonio-, fue un bajel donde surqué los siete mares con Vitorino, Antonio, Ía, Dimitrín, Jesús Cándido, Quilinín, y yo qué sé, la compaña entera y… aun más. Liquidamos a más de la mitad de los piratas del Caribe, y Dimitrín debió de acabar hasta con… Mobby Dick. A nosotros nos iban a contar cuentos de la Tele, por aquel entonces. Las correrías, por la escollera, llegaban, incluso, más allá de la playa de Barera, dónde comenzaba un peligroso y rico mundo, el del sarreu, habitado por andaricas, pulpos o quisquillas. Otros días nos llevaban por el imposible campo de futbol del “Güerto de las Ánimas”, en el canto de la rasa, que luego esflechó tapando la salida del túnel de la playa, donde aprendíamos a nadar –en el hoy cegado pozo de “La Caldera”, o entre “El Caballo”, “La Redonda” y “La Peñona”- con una hilera de boyas de corcho ensartadas en un cordel, tratando de nadar -misión imposible- con una menos cada día. Aquellos partidos de futbol podían a llegar a ser demasiado conflictivos: si un gol o un córner acababan con la pelota en la playa, cien metros casi verticales, más abajo –entonces, a Cimadevilla-. “El Cantu” y “La Garita” eran el escenario ideal para alcanzar el faro de descubierta, por donde nos tentaba el camino imposible de La Conchiquina, tentando la bajada por la cara este de la Punta Rebollera,  La más alta ocasión que vieron aquellos tiempos se produjo cuando, en el cine de las cinco, vimos a “Jeromín” (mucho antes de la ocasión de Lepanto) reñir descomunal batalla naval, sobre botes o una especie de almadías que semejaban bajeles y… claro, los botes de remo de la Concha eran una tentación demasiado grande: las embestidas y los abordajes fueron, realmente, heroicos. Lo que no quitó para que, luego, más de una madre nos sometiera a fuego graneado… y así nos fuimos haciendo mayores. De repente, el paseo del muelle en verano, o la playa, se poblaron de mocinas…
Llegaban los sesenta y, entonces, se produjo algo más que un relevo generacional. Esta vez, en la España en blanco y negro, secuela de la guerra incivil, los acontecimientos superarían lo habitual. Nos olvidamos de la Piquer y de la copla e inauguramos los sesenta al son de Karina y Mike Ríos, o de aquel twist que berreaban The Beatles. Estrenamos pantalones de campana, pelos largos y toda la parafernalia guatequil; la que ahora -medio siglo después- recuperan en las teles. Pero lo que ese ‘blanco y negro’ no es capaz de devolvernos, es aquella emoción de vivir algo nuevo, de rebeldía, de tener la sensación de estar haciendo historia. Y, aunque sí fue una forma distinta, o más profunda, de cambio: tampoco inventamos la rueda, como bien nos hacen recordar los que ahora mismo, de nuevo, tratan de inventarla.
Recién llegados, en plena soberbia juvenil, nos sentíamos ajenos a la cronología, estábamos inaugurando el mundo. Qué antiguo ¿verdad? Bueno, ya lo descubrirán…
Aquel Cudillero, fue cogiendo color: las casas –leyenda urbana, o no- empezaron a exhibir una paleta no muy diferente de las lanchas, y se construyeron nuevas en La Plaza o detrás del lavadero, donde aquella huerta de Rovés, en cuyo portón de hierro amorábamos los guajes, tratando de vislumbrar lo que a todas luces imaginábamos como un jardín romántico y misterioso, aun sin saber nada del romanticismo. Justo por encima, en ‘Las Rozas’, se practicaba una curiosa costumbre: ir a tomar el sol, de tertulia, nada más comer. Claro, no había tele…
Que llegó justo con el Bar Nuevo: en pleno inicio de la cuesta, en el lugar del antiguo parque -en el que nos hacían fotos en bombachos, antes del año cincuenta-, y de ‘la obra’ que, sin saberlo bien nosotros, iba a traer la modernidad: oficinas de la Cofradía, escuela, consultorio médico y aquel bar que. además de la tele -especialmente el “Sábado noche”, “Estudio 1” y los Musicales, o “Cesta y puntos”-, nos descubrió las tragaperras, los cubalibres, las mesas de terraza ¡en la rotonda y al aire libre! Ahora creo que es territorio de nictálopes o algo parecido.
Pero la memoria de aquel tiempo, siempre vuelve al momento luminoso de la llegada del verano: se acababa el curso y llegaban los veraneantes, esa especie tan distinta de los turistas; regresaban de Madrid o de Oviedo; volvían todos años, y sus aires de ciudad nos traían noticia de otro mundo posible. Entones, algo indefinible comenzaba a flotar en el ambiente y… no dejaría de crecer hasta la víspera, a más de media tarde: En ese momento, Cudillero entraba “en trance”. De pronto, toda la tensión acumulada durante días enteros, toda la energía, estallaba y la villa entera era una locura de fiesta: San Pedro, que –claro- no trataré de contar. Los “pixuetos” sabemos que eso -sólo-se vive.
Hoy, tantos años después de aquellos días de 'esplendor en la hierba', cuando recuerdo, me siguen acompañando emociones que ya nunca me abandonarán: en los instantes antes de empezar “L´Amuravela”; en las danzas a medianoche, en las que chicos y grandes, solteros y casados, homes y muyeres –juntos y revueltos- cantábamos las viejas estrofas de nuestros ancestros. Sabíamos, perfectamente, que allí y así mismo, lo habían hecho nuestros antepasados durante siglos. Aquel era un ‘cabo’ espiritual que nos unía a generaciones y generaciones de “pixuetos”.
Después del día de “San Pablín”, cuando una laxa melancolía aplanaba a todo el pueblo, unas cuarenta motoras, tras gran barahúnda de pertrechos y despedidas, salían para bonito y… entonces tardábamos casi una semana en recobrarnos.
Ahora, cuando ya falta menos para contemplar cómo pasa la vida en Cudillero, “sentao” en la solana, a la vera de la “Fuenti’l Cantu”; viendo cómo ese 'Mundo del ayer' se fue y no volveremos más; al retorno de la diáspora que emprendimos en los setenta, me apena, o algo peor, ver que además del tiempo y la mitad de sus gentes, falta algo de lo que hacía especial aquel Cudillero. Seguramente, se lo quedaron aquellas generaciones, que ya se fueron…