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01 noviembre, 2019



EL CELTISMO, LA MODA GALLEGA Y OTROS CUENTOS


ADN ¿gallego?
Los deseos
... QUE LES EMBUTEN EN LA UNIVERSIDAD -y, aun desde la escuela- ESOS PROFES GALLEGUISTAS, TAN MAJOS:
El rexurdimiento romántico, desde mediados del XIX, con Manuel Martínez Murguía, cónyuge de Rosalía de Castro, define la nacionalidad gallega vinculándola al celtismo y siguiendo el modelo de Gener para la "raza catalana"; contrapone un racismo gallego ario y suevo: "el celta es nuestro único, nuestro verdadero antepasado", frente a lo "español, semítico-africano"; aun sin llegar a la obsesión  por la pureza y la segregación raciales de Sabino Arana con los vascos. 
Más radicalmente racista y antisemita, fue Vicente Martínez Risco -de origen familiar en Almansa, Castilla la Mancha- que encabezará el galleguismo conservador en el primer tercio del siglo XX. En 1920 publica Teoría do Nacionalismo Galego, que recoge la herencia de Murguía, y biblia del galleguismo, según el periódico 'A Nosa Terra'; en la que: interpreta la historia de Europa como la lucha dialógica, entre el Mediterráneo racionalista, clasicista y decadente, y la civilización atlántica, representada por las siete naciones célticas, que encarnan el irracionalismo (Se relacionó con la teosofía, entonces en boga, de Madame Blavastky o Roso de Luna) y el dinamismo vitalista (fue discípulo de Ortega y Gasset), -con un destino que cumplir en el mundo-. Su racismo y antisemitismo se acentúan en los años 30, proponiendo como modelo la defensa del catolicismo tradicional y de la pureza racial de los vascos, y llegando a apoyar el nazismo, al que justifica  como una reacción vital de la nación alemana frente a  marxistas, capitalistas y judíos: "el judío es la fuerza desgarradora y fermento de la disolución social". Tras el alzamiento de 1936 abandona su militancia galleguista para apoyar al bando sublevado en la Guerra Civil  Española, a la que justifica como una cruzada religiosa. Por contra, Castelao, considerado la más importante figura del gallegismo cultural, murió en el exilio republicano.

La realidad 
- o la historia genética de la Península-.
La reciente investigación, basada en el cromosoma 'Y', de las Universidades Pompeu Fabra de Barcelona y de Leicester, Reino Unido: concluye que más del 20% de los gallegos, -hasta el doble que en la península-, especialmente en el tramo final del Miño (Publicado: Amarican Journal of Human Genetics. 2008), presenta características genéticas propias de la población del norte de África. En el estudio colaboró el Instituto de Medicina Legal de Santiago, dirigido por Ángel (Allí: Anxo) Carracedo. La muestra analizó 1139 individuos peninsulares -88 de Galicia-, 359 del norte de África y 174 judíos sefardíes con resultados curiosos: Granada mostraba menos cercanía genética con el norte musulmán de África que GaliciaEl mismo Grupo de Medicina Xenómica, analizó la muestra de ADN (Piublicado: “Nature”, Feb 2019) -elaborada por investigadores de la Universidad de Oxford, de 1413 donantes en todo el territorio español, que establecía la cercanía genética, en bandas verticales, coincidiendo con los reinos medievales de la Reconquista y sus áreas lingüísticas: gallego, asturiano, castellano, euskera  y catalán
Inesperadamente la mayor diferenciación genética corre de este a oeste y no de norte a sur; mostrando, en la primera mitad del dominio musulmán, un evento -datado entre mediados del sg. IX y principio del XII- de mezcla de poblaciones de tipo europeo, con otra de rasgos similares a la de Marruecos, y cuyo mayor peso se encuentra en determinadas zonas de Galicia; probablemente originado por movimientos internos  de población -norte/sur- entre Galicia y Portugal, en el siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos, al final de la reconquista. De las cinco bandas genéticas, son las correspondientes a León y Castilla, las más frecuentes en Asturias, y que con el perfil genético ibérico denotan influencias externas procedentes de Francia, Italia e Irlanda, por ese orden, como en otras zonas de la península.
Actualmente la antropología establece una diferenciación muy clara entre restos arqueológicos -de la cultura material: arte, inscripciones, cerámica, utensilios, vivienda, etc.- de un grupo humano, y lo que revela el estudio comparativo de la genética: Hace cerca de 70 años Julio Caro Baroja ya decía que, en ocasiones, viajan oleadas de pueblos que se mezclan, o sustituyen a otros, pero puede ocurrir que un pequeño grupo con una tecnología superior: Armas de metal frente a piedra o madera, o de hierro frente a bronce, u hordas a caballo o en carro contra infantería, a pie, se adueñen de todo un territorio y de sus pobladores. Ello explicaría la opinión contraria a un masivo reemplazo de todos los linajes paternos de un territorio -habitual en los períodos anteriores al Bronce-, motivado por la prevalencia del nuevo tipo poder, que en todo caso sí favoreció la difusión de linajes paternos exitosos
Así, que confundir restos culturales de dos hordas celtas, que en los períodos de Hallstatt y la Tène (Del VIII al IV a.c.) llegaron a caballo y armados con hierro, con la  población -más o menos mayoritaria- de un noroeste de cultura y genética celtas, no deja de ser un delirio interesado más; divulgado en los siglos XIX y XX… por los citados Martínez: Murguía o Risco, y la propaganda nacionalista de hoy día. 
Lo que los datos parecen indicar, más bien, del análisis de los haplogrupos R1b… (Artículo en "Nature", Marzo 2018), Olalde, Mathieson et al.-Harvard ;  refrendado por (Artículo en “Science”, Marzo 2019) Lalueza Fox -Instituo de Biología Evolutiva de Harvard, Pompeu Fabra y CSIC-. (investigación con Oxford y Cambridge)… es que la población peninsular actual denota una hibridación general típica: Se rastrean, hace 9-8000 años, clanes de cazadores-recolectores que sobreviven al paleolítico y a la última glaciación, desde el centro-oeste y el sur europeos; restos de los primeros linajes Cromañón -llegados a Europa hace unos 46.000 años-, y señalados por B.Sykes. (Poblaciones de cultura Auriñacense y magdaleniense).  De ese modo, con el final del periodo postglacial, se inicia la repoblación de Europa central y occidental
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Flujo de entradas de población en la península.

La primera oleada de cazadores-recolectores, de origen centroeuropeo, llega hace cerca de 8.000 años. La segunda oleada, y mayor, de ganaderos agricultores, unos mil años más tarde, de población anatolia -que no turca-. 
A partir del Mesolítico, entre 7-6000 años, entra población mediterránea y norteafricana, inicialmente cazadores/recolectores; probablemente relacionada con el ancestro de los Íberos. Olalde cree incluso que -con sus paisanos- vascos...
Esas tres primeras oleadas, todavía, pesan como cerca de la mitad de la genética peninsular.
Entre 4500 y 3000 llegan las dos oleadas indoeuropeas de pueblos de la estepa norcaucásica: Yamnayas, y finalmente Celtas; difunden el  Bronce, el Hierro y la cultura del Vaso campaniforme; dominantes en toda la península, como en Europa occidental. 

Entrambas, que no los Celtas, ni el ciclo o cultura celta, llegan a pesar como la otra mitad de la genética peninsular. Así, la realidad dice que el idioma lusitano/galaico -en el centro occidental y noroeste peninsular, que aparece en las inscripciones, la toponimia y la antroponimia-, es indoeuropeo no celta.
Adrados, incluso, abre el debate sobre el carácter no celta de los idiomas de Astures, Cántabros, Pelendones, Vettones o Carpetanos, relacionados con el europeo ancestral. Entretanto, en ese período, primero el Argar y luego Gadir/Tartessos, están en relación con las culturas mediterráneas de los metales. 

En las centurias anteriores y posteriores al inicio de la era cristiana, se producen las importantes entradas históricas de fenicios, griegos, romanos y musulmanes, de carácter más o menos mediterráneo, y, que alcanzan cerca del 20% del conjunto genético peninsular. En las centurias inmediatas a la entrada de Roma, sí aparece, desde la región aquitana, el perfil vasco entre el flujo indoeuropeo, a pesar -caso aparte- de la diferencia lingüística. (En términos genéticos no se considera el aporte de la entrada, a finales del Imperio romano, de hordas de los llamados "Bárbaros": eran algunas decenas de miles, en una población en torno a los 5 millones).

Corolario LA GENÉTICA Y EL MITO DE BREOGÁN: Es sorprendente -a la vista de lo antedicho- hasta donde han llegado a prender mitos como el de Breogán -o la conquista gallega de las Islas Británicas -. Aunque Bryan Sykes haya rastreado una migración marítima de pescadores del norte de la Península, al suroeste de las Islas Británicas, hace unos 6000 años: el ADN  de ambas poblaciones es prácticamente idéntico. Lo cual no se puede afirmar que una población celta gallega migrara a Gran Bretaña, asimilando a una población menor y, menos aun, considerarla el ancestro celta de la actual. Ya en septiembre de 2014 se  contestaba -3cortasy1larga- a los celtistas gallegos y galeses (Johh Koch et al.): "Y vinieron del este". Más bien, los estudios del Trinity College de Dublín; de Alistair Moffat, catedrático de Historia y rector de la Universidad de Saint Andrews, Escocia; o los de la Universidad de Leicester, sobre la población de las Islas -de hace unos seis milenios, tras la despoblación en el último episodio glaciar- lo que muestran es una secuenciación mínima del genoma, relacionada con las tribus tuaregs o bereberes norteafricanas. (Es curiosa la consonancia “beri-beri” o berebere, y Ebro o río de los “íberos”). Ciertamente, a partir de hace 6-5000 años, hay un rastro del comercio por la ruta de la plata, desde Cádiz-Huelva hasta las Casitérides, en busca de mineral del estaño. Sykes documenta el rastro genético de esos contactos, pero la población británica, como muy bien acredita, se formó con gentes de  las repetidas (según se mire, 4 o 7) oleadas europeas, en particular o principalmente:
1 Población neolítica de agricultores -originaria de Anatolia, sobre todo-, posterior a la última glaciación: entre 7000-5000 años.
2 ... Que fue reemplazada en buena parte por Yamnayas  y celtas que son el sustrato indoeuropeo, desde  hace 4500 a 2500 años: llegaron ambos de las estepas entre el Cáucaso  y el Mar negro.
3 Población mediterránea muy escasa, romana, siglo I a.c.
4 Anglosajones, de las invasiones, aquí llamadas de los bárbaros: siglos IV y V de nuestra era, procedentes del norte de Alemania, de Dinamarca y Suecia.
5 Conquista por normandos (descendientes de vikingos escandinavos) en 1066 de nuestra era.                               
De manera que la aportación de población peninsular prehistórica, o la romana del imperio, es anecdótica.  
Todo lo cual es incompatible con oleadas de celtas primigenios, gallegos, a la conquista del occidente europeo, desde las Islas Británicas... Digan lo que digan Xurxo Salgado o Anxo Carracedo. 
Ver las imágenes de origen
Bandas genéticas penínsulares.






La realidad, finalmente, donde nos sitúa -a los hispanos-, es en la balsa de piedra,  que siempre fue la península: una tierra a dos mares -atlántico y mediterráneo- por los que llegaban dos poblaciones con características genéticas dispares, lo que seguramente explica la persistencia o estabilidad milenaria de esas bandas verticales marcando poblaciones homogéneas.
Lo que les ocurre a los nacionalismos con sus ensueños es, que de vez en cuando, la historia real corre por entre valles y cordilleras, que en la península -mira tú- corren de oeste a este, alterando tales ensueños berzales... como unos cuantos bereberes, que roto el mundo musulmán que les integraba, quedan al albur de los tiempos cristianos, moviéndose esta vez -tras el siglo XVI- por la banda vertical, hacia el norte, a darse una vuelta por Tuy, hasta estropear el mito.
Lo cual resulta sonrojante, con la información manejada, desde hace años, en las Universidades más importantes del mundo, que los políticos nacional populistas sigan viviendo de sus cuentos...
Y colorín, colorao..

05 octubre, 2019



Ver el mundo con anteojeras... me too/we too

Las primates: pioneras del "me too", y la demografía o el... "we too"

Como en la secular querella entre racionalistas y románticos, el feminismo radical del me too, podría acabar confundiendo los deseos, o los ensueños, con la realidad además de la identidad propia...
Hoy, nos llegan noticias de un primatólogo: De Waal; señor tan peculiar, que dio en el estudio de las emociones y procesos cognitivos en el reino animal, y según parece, particularmente, en los primates, o sea, nuestra banda de primos, para no decir familia.
Estudio que, en términos de empatía, o vernos en el lugar del otro, parece perder de vista la cuenta de los miliardos de millones qwe nue ya somos los primates humanos -y lo que te rondaré morena, que de ahí, de rondar sin enmienda, viene la demasía de la cosa-. En realidad, tal cifra, es la que debería reclamar la mayor atención en la discusión con los animalistas... además de con los animales, digo.
Porque vamos a ver: la celebración con la Colau -la que no está en lo que debe y viceversa- o con el mismísimo Attenborough, del papel tan adelantado de las hembras bonobo, está muy bien, como muy cosmopolita, Así que los distingos, entre lo agresivos que son los chimpances machos o lo 'golfos' que son los bonobos, cuando genéticamente somos primos hermanos de ambos -para lo mejor y lo peor-; quedan muy éticos y hasta estéticos, pero acabarían por no dejarnos ver el monte. ¿Cómo que los bonobos son adelantados de la libertad sexual primate: es que ya se ha vuelto el mundo definitivamente loco? Porque ver el mundo o la naturaleza animal con semejantes anteojeras, no es otra cosa.

Si Colau y compinches pudieran ver por encima de los árboles identitarios o dejar de apuntarse a cualquier bombardeo, se darían cuenta de que más allá de la Plaza de San Jaime -y del genero- vive una inmensa y desbordada humanidad a la que habrá que alimentar con recursos finitos. Porque descubrir, todavía a estas alturas, las conclusiones de la biología evolutiva, no puede servir para distraernos de los más que serios achaques de la vieja Gaya: sofocada hasta la asfixia por la economía del carbono, ardiendo por los cuatro costados, emponzoñando el agua, o saqueando reservas en una atmósfera tormentosamente enloquecida; pues, hace parecer una inocentada el ignorar que, mucho ha, los etólogos han descubierto que las respuestas animales son inteligentes en el modo de adaptarse a su sobrevivencia,
Así que, mirando sólo un poco más allá de esos árboles, la conceptualización como 'entes' que hacen los animalistas, a lo que nos enfrenta es a la naturaleza de la naturaleza: la cadena de presas /depredadores, como una ley universal... desde las partículas elementales a las galaxias. Pues claro, como que hay galaxias que 'canibalizan' galaxias. Y ¿quién sabe? puede que hasta universos.
Esa nuestra naturaleza, que es la que es, no es modificable, tal que la gravitación universal; y menos aún, en nuestra escala espacio temporal. Así que seguiremos necesitando mantener nuestro metabolismo, en parte, con insustituibles proteínas animales. Fue nuestro destino evolutivo.
Naturaleza que, calculan los animalistas, nos llevará en este siglo a consumir cerca de 100000000000 -cien mil millones- al año, de animales, entre mamíferos y aves, 'pescao' aparte.
Cifra que, ciertamente, nos enfrenta con el problema central de nuestra sobrevivencia como especie: el tremendo desequilibrio entre demografía y nuestro medio 'natural', lo que incluye la relación con otras especies o, dicho de otro modo, la sexta gran extinción en marcha. Definitivamente, nuestro sistema industrial/alimentario se mueve en constantes por completo insostenibles...
Obtener 1kg de proteínas de carne requiere hasta 7kg de vegetales y de 15.000 litros de agua; de modo que el incremento de población y de consumo de carne, desde mediado el siglo XX, requiere una cantidad de terreno, agua y energía ya demasiado por encima de lo sostenible: producir cada caloría cuesta cerca de treinta; las que, por otra parte, generan cantidades de estiercol -en Alemania se acerca a media tonelada al año por habitante-, co2, metano o desforestación delirantes. El resto de las cifras de la huella energética y medioambiental -aun omitiendo otros datos, ya innecesarios- reflejan tal nivel entropía -o degradación-, que nos sitúa incluidos en esa sexta gran extinción. Que es la clave para entender el momento de esta humanidad: más allá de los "ista" habituales: comunista. feminista, ecologista, animalista, antiisistema y otras ideologías religiosas o políticas... veganos incluidos.
Cada una de esa etiquetas, al cabo, resulta una solución bastante parcial, cuando no contradictoria: algunas morales religiosas postulando el natalismo sin controles, mientras buena parte de Asia, Iberoamérica y casi toda África están en pleno desbarajuste demográfico.
Entretanto, sociológos como Z. Bauman, U, Beck o R.Sennett ya hace décadas que anunciaron el desastre medioambiental: el efecto invernadero, que asoma más y más sombrío, requiere el esfuerzo -poco esperable pero inaplazable- de las Naciones Unidas, que combine la digitalización y trazabilidad del Internet de las cosas -se calcula una disminución del 20% en la huella energética-; la sustitución del exceso de proteínas animales por las vegetales -otro 20% de reducción- y, finalmente, la progresiva sustitución de la energía del carbón por las limpias -% como las dos anteriores sumadas-. Todavía quedaría por considerar el control ineludible de la natalidad, particularmente en las tres áreas arriba citadas.

Claro que entendíamos las causas de la violencia de genero, y aun la que se ejerce con y entre nuestros primos de otras especies, pero los episodios de los chicos y chicas, de un Sunset Boulevard cualquiera, no ocultan que forman parte de una minoría, en cierto modo, privilegiada.
De manera que no se trata de me too, en realidad era... we too.
Sencillo de entender ¿verdad? Librarnos -como especie- de la fiera o sexta gran extinción: el problema radica como en la vieja fábula... ¿Quién le pone el cascabel a la fiera?








15 agosto, 2019



Entre el mito y la utopía (EUROPA, MÁS EUROPA... )


Entre el mito y la utopía
29 de Julio del 2019 - José A. Suárez Marqués
 “¿En qué momento Asturias se convierte en España? ¿Cuándo Asturias tiene una vocación indudable de españolidad?”, se preguntaban recientemente dos amigos...
Ambas cuestiones apuntan al momento inaugural, a la idea madre de eso que dieron en llamar el grandonismo. La respuesta sería tanto como repasar los hitos de nuestra historia. Pero, a la vez, entiendo, no puede dejarse de lado la cuestión de la ciudadanía, como es convertirse en nación, o dicho de otro modo: el sentido moderno de Nación implica el de ciudadanía. Lo cual nos remonta a la querella entre el idealismo romántico alemán –de Vico a Herder– y el racionalismo francés –de Voltaire a Napoleón–. No queda más remedio que citar las dos orillas, que aun combatiéndose –o sea, dialógicamente– son necesarias para entender los nacionalismos hasta hoy. Ello así, para no perdernos en la ceremonia de la confusión: si Asturias pretende convertirse en España –atendiendo a la formulación de esa pregunta–, está asumiendo, entonces, la personalidad de Nación, lo que implicaría la hegemonía necesaria o control de las decisiones políticas. Empero, eso solo ocurrió en el corto tiempo de unos dos siglos y en el espacio del tercio occidental de la Península. Más o menos. En las tres centurias siguientes fueron apareciendo otros centros de poder en la vieja Hispania, hasta acabar con esa pretensión hegemónica. Sin entrar en el poder que representaban, a esas alturas, la Marca carolingia al norte del Ebro o el contubernio castellano-navarro: la realidad demográfica y territorial, al final, económicamente hablando, explica mejor que las batallas –aquel Bermudo III, que perdió la vida y la corona en caballo tan veloz, “Pelayuelo”, al que no pudieron seguir sus tropas; encontrándose así, solo, ante el enemigo castellano– esa pérdida de la hegemonía asturleonesa. Para no hablar de la pretensión del legitimismo astur (el ascendiente visigótico), rechazada por Vicens Vives; lo que viene a ser la mayor contra el covadonguismo.
De manera que para cuando se manifiestan los nacionalismos modernos, en vísperas de nuestras Cortes de Cádiz-1812 (aprobaron la Pepa, de la que cuentan las malas lenguas que fue la primera en Europa que se descaró por escrito), Asturias, a pesar del bueno de Jovellanos, ya está fuera de la carrera. Así que lo que mantiene interés sería su relación con la entidad de esos nacionalismos.
Esas Cortes fundacionales de la Nación, así lo entienden los constitucionalistas y otros plumíferos, fatalmente, están también en el origen de la querella que más de dos siglos después sigue lastrando esta nuestra Nación. No es original, actuó en Europa y aún más allá; pero nos convirtió –en el plazo de una centuria– en el único de nuestros pares que pasa de tener el mayor y más potente buque de guerra del mundo, en una de las tres escuadras más poderosas, a perder su rango como ninguna otra de las potencias: en la década posterior a la derrota en Cuba y Filipinas –enviamos cuatro buques, medio de madera y lata–, Gran Bretaña ponía en la grada cuarenta y tantos acorazados, monocalibre de verdad. Y los Estados Unidos ya habían construido hacía décadas, por ejemplo, el puente de Brooklyn: sí el, todavía hoy, de las pelis de Nueva York, o se disponían a levantar el Empire State Building. A eso, a ese mundo, es a lo que suenan la música de “West Side Story” o la “Rapsodia” de Gershwin. Ya lo decía don Hilarión, el pobre: las cifras de producción en Norteamérica –una generación después de su guerra civil– de electricidad, acero, ferrocarriles, teléfonos o automóviles resultan fabulosas, vale más ni mentarlas.
Así que la conclusión parece muy fácil: ese cainismo español, por fuerza, ha sido más permanente y más dañino. El sistema que en el mundo occidental actuaba, por largos períodos, como turno más o menos pacífico de poder, aquí acabó actuando recurrentemente, como una auténtica enfermedad bipolar y excluyente.
Para entenderlo mejor, conviene conocer las ideas fuerza que alimentaron esos dos polos. Que no fueron más que las dos corrientes de pensamiento que alumbró el método científico…, decíamos: el idealismo y el racionalismo.
El idealismo romántico, de matriz muy alemana, aunque campó por casi toda Europa, presentaba unos rasgos muy claros: un sentido exacerbado de conciencia histórica, que se manifestaba en la defensa a ultranza de las tradiciones, de la lengua y costumbres propias, y hasta del paisaje o el folclore regionales. Era sin dudarlo chovinista y xenófobo hasta acabar en racista. Se desencadenó como una tormenta –la “volkgeist”, o el espíritu del pueblo–, alimentada por Hegel, Herder, Schelling y… tantos. Y ese espíritu, para ellos, era objetivo, era la lógica que se hace patente en la naturaleza.
Es la antítesis del racionalismo, de matriz francesa, alumbrado por la Enciclopedia filosófica y la Revolución, recorriendo una Europa temerosa, tratando de someterla a las mismas leyes e ideas, o al código de valores universales. A una especie de estado mundial, en suma.
Se enfrentan así, el pueblo, en definitiva, la lengua, la tierra, la sangre… con la razón fría y abstracta. Dice Vargas Llosa que decía sir Isaiah Berlin de esa enemiga del romanticismo: “... es la respuesta del orgullo alemán herido por las humillaciones militares que le infligieron Richelieu y Luis XIV”. A los que cabe añadir el Napoleón de la Grand Armée. No es nada distinto a la reacción castiza contra los afrancesados, ocasionada por el intento napoleónico de modernizarnos. Y ocurrió que la fractura entrambas posiciones fue alcanzando a los distintos países, alimentando una clase de nacionalismo que, desde lo pintoresco o las tradiciones locales del primer romanticismo, llegaría a la agresividad exacerbada y la exclusión de lo ajeno. La pretensión de singularidad fue derivando en la de superioridad. Paralelamente la revolución científica se fue convirtiendo en industrial y económica, hasta acabar desencadenando la hecatombe de “El mundo del ayer: relato trágico” por S. Zweig de las consecuencias para Europa de las dos grandes guerras.
Lo cierto es que a lo largo de esa historia el Nacionalismo romántico y el Internacionalismo revolucionario se combaten, pero también intercambian “cromos”, se influyen y se contaminan dialógicamente; lo que lleva a la Europa devastada, a la empresa de superar su cainismo atávico con la Unión Europea, emprendiendo el más notable período de estabilidad, quizá, desde la Pax de Augusto. Tiempo, que acaba el enfrentamiento de bloques y las ortodoxias internacionalistas. Pero, no en el fin de la historia: desaparecidos los Berlin y Russell o los Althuser, Sartre, Mao y otros tales, se va produciendo la deserción en cadena de adalides de los proletarios del mundo y… lo peor, acaban cambiando de bando. En esas estábamos cuando al abuelo se le ocurrió morirse en la cama mientras la historia –en el último cuarto del siglo XX– daba un formidable acelerón: rota la bipolaridad y el estatus de bloques, aparecía una sociedad de realidades porosas, donde los estados nación se enfrentaban a nuevos riesgos. La globalización y desregulación de la economía eran respondidas por ideologías y movimientos localistas. Y, como en un reflejo de aquella vieja Cathleen, la que impulsó a una juventud enloquecida por toda Irlanda tras el imaginario feérico de Yeats, aparecen los émulos del Sabino Arana de racismo violento y xenófobo, hasta diferenciarse de los catalanes por españoles; del Castelao del racismo suevo, dispuesto a imponer sus ideas por la fuerza, como la pureza racial gallega frente al mestizaje español, cuando la investigación genética actual revela que la población gallega está más próxima a la norteafricana que la del resto de España, incluida la granadina, o del Valentí Almirall del Memorial de Greuges, que desde la Renaixença acabará en el supremacismo identitario, a su vez, más excluyente e insolidario.
De manera que los nacionalismos localistas, ante el proyecto europeo, cuyos interlocutores son, en realidad, América, China, Rusia, o incluso el mundo islámico; a conveniencia, ignoran su condición de naciones sin Estado, fascinados por ideologías totalitarias vinculadas al territorio natal, al derecho natural, como la de Carl Schmit –que no la del derecho normativo, según formula Kelsen–, o por la inmediatez posmoderna de Lyotard, que va del marxismo crítico al budismo mahayana, versión Zen, pasando por la fenomenología, para acabar decretando la teoría del conocimiento efímero y relativo del vale todo. Es el propio Juaristi quien hace la crítica desde el autodenominado “movimiento de liberación vasco”, con argumentos igual de útiles en los casos catalán y gallego. Senda, que hoy trata de seguir el sedicente nacionalismo astur y que no deja de ser preocupante; a la vista de la andadura del gallego tras los pasos de los mayores... el propósito es claro. Siendo solo un poco deterministas: con las mismas premisas acabarán en la misma conclusión.
Volviendo a la realidad... aun estorbado o retrasado el proyecto europeo, volvería a su inercia; a riesgo de desaparición de la Unión, reducida a una especie de parque temático o turístico. La incongruencia es la condición de posibilidad de esa Europa, opuesta esencialmente al mal llamado derecho a decidir: ¡Que no me mande el señor alcalde, que solo el alguacil! Así, prevalecería el espíritu de campanario –de los nuestros–: racismo, resentimiento y violencia, para imponer la jerarquía y el privilegio. Que son lo que explica la frecuencia oportunista de ese nacionalismo en las dictaduras totalitarias o en el Tercer Mundo.
Sin embargo, comprender este mundo y transformarlo, con alguna esperanza, requiere una Teoría Crítica de la sociedad, como propone Habermas: desde la razón y el Estado de derecho, en sociedades abiertas; lo cual la condición humana requiere de una acción dialógica e intersubjetiva, de modo que ha de integrar una democracia deliberativa y la comunicación entre distintos... tratando de superar la sinrazón instrumental entre quienes buscan la explotación recíproca, que maximice los beneficios, pero que causa un daño medioambiental insostenible, además de la alienación y la insatisfacción sabidas.
Escuela de Frankfurt, aparte, Habermas interpeló públicamente a los grandes “maestros” de la filosofía alemana tras la catástrofe bélica. No obtuvo respuestas... Cuenta Adela Cortina –tan conocedora de Habermas– que ese desprecio a las masas y la exaltación de la arrogancia individual son la marca de la identidad excluyente, son la miseria del supremacismo nacionalista.
Así, no queda más que reclamarse del patriotismo constitucional, de la actitud dialógica de reivindicar a Weber y también a Marx, no del nacionalismo romántico...
Seguramente fue en Oviedo, en 2003, donde el ya viejo Habermas citaba: “Debes ver a Europa como tu patria mayor…”.

23 julio, 2019



MÉRITOS...



Que son algo tan sutil, tan subjetivo.

Digo yo: tendrá razón mi amiga "P"... cuando pilla una de esas tremendas remontadas que pilla en face. Porque vamos a ver, la susodicha tiene méritos... salió de la misma aldea marinera que servidor, y no mucho tiempo más tarde; la muchacha, esforzada ella, se licenció en la Universidad de la capital, en la que acabó hasta por hacerse urbanita; nada que ver, nada más lejos del pueblo. Eso que decíamos nosotros: a pulso, por méritos... Así que no queda más remedio que reconocerle el esfuerzo a mi amiga "P": licenciada universitaria, casi de las de antes de la masificación. Tampoco es posible soslayar su más que motivada mala leche: el mundo al que arribamos en los finales de aquella calamidad de régimen, o poco después, era tremendamente injusto. El General se moriría en la cama de viejo, pero sus cachorros tenían la herencia más que bien trincada -atada, decían-. Y no me refiero sólo a los cosanguíneos, no...
 Así que, ciertamente, "P", tenía toda la razón en considerarlos los ventajistas, inmorales e indecentes, más impresentables. De manera que mi amiga se reenganchó en la primera leva del 15-M: indignada pura y dura. No era para menos, y así fue creciendo esa especie de neo-mundo, en filias moradas y fobias "urbi et orbi".
Lo cual, mi amiga, está a la que salta: que si la efeméride de la princesa o hermanita, que si la pinta o la modista de la madre, como si las presidentas -o vices- de las repúblicas, y otras publicanas, tuviesen siempre las uñas limpias... u otro suponer, que la residencia de al lado de mi casa, en Galapagar, no tuviese un aleve aire de satrapía rumana, de las de antes, multivigilancia incluida. Pero mi amiga es muy insistente: la meritoracia por encima de todo, empezando por casa propia. Estoy de acuerdo. Lo que no tengo tan claro es... si lo tienen igual los barandas de la tribu, en la que sí cree mi amiga -no hace falta nombrarla, verdad-. Fíjarse, el carajal que ha montado la muchacha de la Rioja: el 3% de votos y casi la mitad del gobierno, pide.
Pero lo que verdaderamente me da más tirria de los camaradas, un poco parásitos, de mi amiga "P"; aunque ella no los reconozca o dipute por tales, la muy cuca: es la fijación con Don Amancio ¡El pobre! (Evidentemente, irresponsable de la Economía política internacional o la división del trabajo entre países). Ahora que resulta que deben de estar a punto de nominarlo empresario ejemplar de hasta mucho más allá de Galicia... y cuando es evidente su mayor interés por dejar la imagen de empresario, digamos ejemplar, o en el modelo de organización -en todos los sentidos-, de Arteixo, por ejemplo; que por ganar más. No imaginas, cuántos pensamos, la falta que nos harían media docenita más de Amancios... Esa es una verdad, amiga mía, como para sentir escalofríos de alipori, o sea, mucha vergüenza ajena, como decía aquel señor de Murcia , tan facha él, columnista del diario ABC. (Campmany, para ignaros).
De todo lo cual, se sigue que muchos republicanos, juancarlistas de ocasión, viejos y escamaos, empezamos a pensar que la muchacha -mérito mediante- herede algún día un cargo meramente protocolario, eso sí; mientras nos quita de viejas querellas históricas. Claro, y sobre todo: en unos Estados Federados de Europa que nos libren de las domésticas, como el empeño cainita en sucesores dignos de Don Manuel "el Azañas". Entretanto, iremos desfogando con los pleitos entre el Real Oviedo y el Sporting de Gijón, -preferentemente en la lengua que no vio ponerse el sol, mejor que en aldeano-; y no, por cierto, con las obsesiones de consejerías o inminentes inmersiones lingüísticas... Si es que para entonces no hemos dejado ya de ser viejos cascarrabias, o las históricas Asturias no han acabado por "ingresar" en la Galiza ceive, Amiga "P".

(Cualesquiera semejanzas con personajes o situaciones de la realidad son puro ensueño o cosa de meigas... de las que este escribidor se hace irresponsable en absoluto)




04 julio, 2019



"TIEMPO".../... (dúplica).




 … Es sabido que entretejes, imaginas y perfilas, tú, muy bien; cuando contrapones el todo y la nada absolutos, inmanentes, pero... falta un detalle: fuera todo o nada, como diría Sankara, ese aburrimiento del Brahmán nos lleva a un estado -advaita- donde se borran las distinciones, el sujeto y el objeto o las diversidades.
Más cerca de nosotros fue la cuestión entre Sartre y Heidegger, que nos llevaría a la conclusión de que 'ser' se hace patente, en tanto, sobresale en un momento de la nada, pero luego se pierde en el río de Heráclito, donde todo cambia... o sea, en la nada existencial. Sí, al final, tú tampoco existirás. Sólo eres patente, por un momento, en el espacio tiempo, sólo un poco de movimiento ¡Aprovéchalo, pues! ¡Carpe diem!