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20 diciembre, 2014



LOS UNOS Y LOS OTROS...

Fábula moral. 


En aquel film coral de Claude Lelouch, participaba una representación de casi todos los "dramatis personae", que lo habían sido, en la tragedia terrible que remató a la malherida Europa "del mundo" de  Stefan Zweig. Pero lo hacían, al menos, con una cierta intención superadora, puesta de manifiesto, en el crescendo final: al ritmo de Ravel y con coreografía de Maurice Bejart, todos acudían hacía un centro de gravedad de la esperanza. Pretendía ser una metáfora del futuro: la "grandeur" de la Francia, encendía ese futuro de luces, desde unos elíseos, espectacularmente cinematográficos, a los sones del "Bolero" compuesto por un vascofrances, hijo de una vascoespañola.
Claro que, todavía no se había disipado aún el recuerdo de los últimos nubarrones, ni el olor a pólvora de la tragedia. Y las manos de Schuman, Monnet y Adenauer, aún se notaban. Luego llegaron a la mesa la multitud de "las Europas", y la algarabía resultante ralentizó un tanto la construcción de la patria común, la de la sobrevivencia europea.
Y en ese futuro común, de la sobrevivencia de Europa, resulta fácil imaginar un escenario, donde el primer -históricamente- Jefe del Ejecutivo (o Primer ministro) de la Unión de Estados Europeos, posiblemente un francés, cortesía obliga, inaugura su  mandato con unos "decretos de nueva planta", que completasen la necesaria homogeneización del acervo jurídico-constitucional, del fiscal o de los recursos militares. En esos momentos -a mediados del siglo XXI-, la creciente irrelevancia europea necesitará zafarse "a vida o muerte" de la invasiva colonización económica y cultural, china.
A esas alturas del siglo, con un poco de imaginación, se podría vislumbrar un escenario un tanto surrealista: los Hacendistas o los miembros del Legislativo de  la UU.EE.EE., podrían alucinar, ante la mención nostálgica, no digamos reclamación, -por algún parlamentario, de origen antiguo español-, con referencias a la Legislación foral, al Cupo, a los Conciertos, al Derecho civil catalán u otras antiguallas.
Sus señorías europeas, serían incapaces, siquiera, de imaginar tal desvarío: una región, o un territorio, crecientemente más rico, que los circundantes; pidiendo trato de parte menos favorecida, ante las menos ricas, pero que habían soportado históricamente parte de esfuerzo fiscal, que debería de haber correspondido a quien realmente era la más favorecida. Robin de Shrewood, pero al revés. rezongarían los siempre reticentes británicos, ya sin su ´cheque'.
Sin embargo, aquel parlamentario de origen hispano, acababa de desempolvar un informe, de un antiguo hacendista foral: Ibarreche; donde en un -en su tiempo- sólito lenguaje, hacía depender la eficiencia económica, de lo ajustado (de la gobernanza) del 'perímetro de la Aldea' de su tribu. Sólo en la justeza de ese perímetro, se encontraba la mentada eficiencia económica, por arriba o por debajo, no había subsidiariedad que valga.
Sus señorías, europeas, nunca consiguieron entender, como semejantes desatinos habían estado haciéndonos sentir los pies de los caballos de los chinos. De manera, que cuando, en su turno, el diputado del Rosellón, trato de proponer el ajuste de la representación entre catalanes del norte y del sur, amén de la evaluación de los malos resultados de los refrendos de independencia; se inició la desbandada masiva, de los viernes, al TGV y a los aeropuertos de Bruselas, que esas tardes se ponían imposibles...



























































































































































































































































































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